De la casualidad a veces surgen los mejores textos. Un intercambio de mails con una amiga, confesando ambos los pros y contras de nuestras respectivas generaciones y sexo, dio pie a esta respuesta suya que, con su permiso aunque sin su firma, creemos merece ser colgado aquí:

 

“A mí me parece un trasto ser mujer. Creo que hay un problema de base que no contemplas. Si tú hubieses nacido mujer, y más en la época en la que has nacido, sorprendería mucho más que trabajaras de Dj entre los 17 y los 21. Seguramente no hubieras podido. Tal vez no habrías ido a Londres a comprarte discos ni hubieses ido a tantos macroconciertos en los 70. Podías haber estudiado y escribir, nadie te lo impediría, pero tal vez tu amigo no se habría fijado en ti para encargarte el artículo sobre blue-eyed soul. Tal vez habría sido tu novio, y puede que se fijase en ti para cualquier otra cosa menos para eso… 🙂

 

Yo intento pensar en qué cosas me han rodeado en mi vida para que me gustase la música desde tan pequeña. Por un lado mis padres: mi padre el rockero (Dylan, Creedence, Doors) pasaba los fines de semana jugando a dj en casa con dos platos. Pensaría en mi madre que es más de Aute, Serrat, grupos como Jarcha y Aguaviva y muchos muchos sudamericanos. Pensaría en un tío mío, que me llevaba diez años y me introdujo en el punk y la nueva ola ochentera cuando yo aún era un moco. Ir a casa de mi abuela era pasar el día en su cuarto escuchando discos. Muy probablemente se cruzaban en los cumpleaños un disco de Los Payasos de la Tele con otro de Alaska o Siniestro Total. Pensaría en otro de mis tíos, que es un tipo muy curioso y se compraba un montón de discos que no conocía de nada. Creo que por él conocí muchos grupos británicos como Smiths, Simple Minds… y un poquito más adelante los primeros de los Rem, Throwing Muses, Cocteau Twins, Bauhaus…

 

Podría seguir contando mi vida así, y aún no he llegado a los novios, y exceptuando a mi madre y a una amiga de Barcelona, algo mayor que yo, que pasaba los veranos en mi pueblo, (de ella recuerdo Talk Talk, Peter Gabriel) todo mi conocimiento de la música viene de la mano de algún tipo masculino.

 

Sólo quería tener novio para poder ir a conciertos. Era una lata, no se podía ir a conciertos siendo tan chica y siendo chica. Podía encontrar amigos que quisieran ver al Último de la Fila, pero no podía ir al Fun Club a ver a Surfin Bichos… Al cine sí iba sola cada vez que me daba la gana, sin que mis padres se enterasen, (por supuesto un cineclub donde proyecten Casablanca en versión original a las seis de la tarde no es más que un sitio oscuro donde sólo puede haber pervertidos…) Vivo en un pueblo, así que el tema del transporte y horarios lo hacía más complicado. Todavía en primavera podía ir en bici y ahorrarme el dinero del bus. No sólo necesitaba un novio, sino un novio con moto, aún conociendo a mi madre como una auténtica enemiga de todo lo que lleve ruedas (y más si le acompaña la palabra novio)…

 

Lo del novio es un arma de doble filo, porque tampoco es que te dejen tan alegremente tus padres ir a Madrid a ver a Nirvana junto a un adolescente barrilloso y salido. Mi hermano, sin embargo, más pequeño que yo, no ha tenido problemas para ir al Benicassim cuando ha querido. Y cuando llega el novio, resulta que muchas veces el precio a pagar… es jodido.

 

Todavía hoy no sé cómo defenderme de la mordaza afectiva, no sé si ellos te la colocan o una misma se la pone porque de alguna manera hemos aprendido a comportarnos de ese modo… No sé hasta qué punto es simplemente una apreciación mía, pero creo que mientras el afecto de una mujer a vosotros os estimula y engrandece, para nosotras, puede ser enriquecedor en muchos aspectos pero a la hora de realizar cosas, tiende a limitarnos. ¿Por qué? No sé… cada novio mío ha sido un freno en cuanto a relaciones sociales y creatividad. Sobretodo cuando tiendes a que te gusten chicos con inquietudes artísticas, una acaba convencida de que el otro vale más que tú, sabe más que tú, toca mejor, es mejor. Supongo que será cosa mía, pero en lugar de estímulo creativo lo que se crea es una competencia de la que yo nunca he salido airosa. O somos nosotras las que no aceptamos nuestro propio valor, tal vez porque asumimos códigos de valores masculinos. En muchas ocasiones se acepta a la mujer como discípula que te sigue con admiración, pero no como competidora directa. En ese momento se ponen en marcha una y mil tretas sutilísimas con las que cercenarte, no hace falta que sea nada agresivo ni que estén cargadas de maldad. Para salvarte, y salvarnos, hay que ser muy fuerte, muy inteligente y gozar de una educación sentimental que ni vosotros ni nosotras hemos tenido nunca. No digo que todo sea así, tampoco…

 

Si fueras una chica tendrías que ser una chica muy lista para obtener de las entrevistas lo que tú quisieras y no sentirte utilizada en ningún momento. El simple hecho de que te miren como un ser sexual antes que como persona, mina mucho la autoestima, a mí me violenta y me incomoda mucho. Habrá mujeres que saben servirse de esa tensión muy bien… Yo no.”