Pese a la nefasta situación bursátil actual, sus acciones no tienen precio. Hace tiempo ya que se nos anda insinuando este joven de 21 años a través de varios proyectos. Cada vez un pasito más en su incursión a los indómitos parajes de la sensibilidad. Difícil encontrar las palabras que hagan justicia a su música. Como el colibrí cuando se acerca y besa la flor. Como el pétalo de la rosa cuando cae y besa el suelo. Como el roce cómplice con la piel de un desconocido en el autobús. Como el brillo de una mirada esbelta metida en un cuerpo que ya no lo es. Como el brillo de los días que son y, ajenos a las ausencias, serán. Canciones que se suceden como parte de un ciclo, forjadas por una voz tan Nick Drake que induce a pensamientos agridulces, y que nos dicen mucho de las cosas que suenan a punto de romperse pero que, para nuestro sosiego, nunca lo hacen. Afortunadamente.

 

Peter Broderick, que se fogueó junto a Norfolk & Western (con Adam Setzer) y Efterklang entre Portland y Dinamarca, por encima de todo es un amante de la música. Así que no le importa publicar un mini álbum para piano en Suecia, “Docile” (Kning Disk 2007), y un álbum entero como “Float” (Type 2008) para piano y sección de cuerda, casi todo –salvo “A Glacier” y “Another Glacier”- instrumental, tan solo arropado por Amanda Lawrence (de Loch Lomond) y Skyler Norwood (de Point Juncture), donde la atmósfera recogida –más recogida que por ejemplo la del estupendo disco instrumental “Useless Creatures” que acompaña “Noble Beast”, el no menos estupendo nuevo trabajo de Andrew Bird– se integra perfectamente en los rincones más necesitados de ternura de nuestra alcoba.

 

“Home” (Bella Union 2008) es su disco cantado. Su perla inmaculada. Arranca “Games” con una liturgia –superior a Fleet Foxes– similar a aquel fúnebre pero intenso “Young Prayer” de Panda Bear. “And It´s Alright” se aúpa sublime con su juego de voces en continuo ascenso, hasta llegar al órgano oliendo a jalea real. “With The Notes In My Ears” despliega arpegios de extrema fragilidad a medio camino entre lo sólido y lo líquido. Para cuando llega el momento celestial de “Below It” con las voces cantando `and with his fingers he will push´ en un alarde de fervor místico, uno ya se ha rendido a la magnificencia de su arte. En un cielo como el musical donde las estrellas son tan infinitas como fugaces, aquí hay un trabajo merecedor de cinco de ellas. Por su cercanía. Porque traspasa, transmite y, sobretodo, transforma. Para acompañarnos cuando paseemos por los prados del silencio, por la luz y el esplendor, y volvamos a escucharnos por dentro, como siempre rezando para no perder las bocanadas de lo poco que tenemos. Pero solo cuando nos demos cuenta de que no hay consuelo en la pérdida y que el pasado no sirve, solo entonces, tal vez, volvamos a nacer.