Después de haber entrevistado a tanta estrella del rock de los setenta, ¿reconoces características comunes a todos ellos?

“Creo que hay una dimensión cultural muy significativa en los artistas de finales de los años setenta. Si hablamos de músicos, por ejemplo, Lou Reed o Tom Verlaine en su cultura original están implicados en algo más amplio que la propia música. Lou Reed tiene conexiones con Andy Warhol y con buena parte de los intelectuales neoyorquinos. Y lo mismo le ocurre a Tom Verlaine.”

 

Me interesan mucho tus apreciaciones sobre ellos, ya que llegaste a tener un trato personal. ¿Qué recuerdas de Tom Verlaine?

“Era uno de mis pilares. Television habían sido muy importantes en mi vida, pero Tom Verlaine era la parte intelectual que más me interesaba del grupo. Como persona era muy peculiar. Salimos a cenar por Madrid y recuerdo que nos reímos mucho. Recuerdo que estábamos sentados a la mesa y pasó por delante de nosotros Gunilla von Bismarck, seguida de una nube de fotógrafos. Tom Verlaine me preguntó qué quien era y yo intenté explicarle buenamente que ella no era famosa por su trabajo ni tan siquiera por ser descendiente de Otto von Bismarck, sino por ser un personaje de la prensa del corazón. No lo entendía. El me decía que en América estaban los rich & famous, pero que eran ricos y famosos por algo. No podía entender que aquí eran ricos porque cobran de las revistas del corazón y famosos porque salen en ellas. Se lo pasó muy bien.”

 

Pues algo debió pasar, porque al día siguiente, en la entrevista, parecía autista. Apenas respondió a tus preguntas.

“Fue la experiencia del plató, que para muchos artistas resultaba traumática. Era un momento crítico, porque las entrevistas tenían lugar en medio de aquel fragor y justo después de haberse jugado el pellejo en directo. Algunos se pusieron muy bordes, como Tom Verlaine, que estaba nerviosísimo. Pero, además, ese día el nerviosismo era generalizado porque resulta que en aquel programa había una sorpresa que nadie del público sabía, ni tampoco el propio Verlaine. En el momento en que terminó su concierto la gente se disponía a marcharse, pero justo entonces se abrieron las puertas principales del estudio y apareció La Fura Dels Baus empujando un coche y cargados de hachas con las que empezaron a destrozarlo. Imagínate. Yo en aquel programa, entre intervención e intervención delante de la cámara, estaba con un teléfono averiguando por donde iba la policía municipal trayéndome a toda prisa a La Fura Dels Baus, cortando poco menos que la M-30, después de actuar en el Matadero de Legazpi. Todo en el programa era una complicación notable. ¿El resultado? Pues que la entrevista con Tom Verlaine pudo haber sido una maravilla y no lo fue por lo borde que estaba él, pero me quedo con la emoción de meter a La Fura Dels Baus por sorpresa.”

 

En aquella tesitura se conseguía una desmitificación del artista que, a su vez, iba edificando el mito del programa.

“Desde fuera era curioso ver cómo se les rompían los esquemas, pero desde dentro era un infierno, que yo asumí semana tras semana.”

Otro artista neoyorquino con el que te las tuviste que ver: Alan Vega.

“Otro que también se puso especialmente borde. Pero en este caso las razones fueron diferentes. Alan Vega se cabreó muchísimo cuando se enteró que también habíamos invitado al programa a Barney Hoskins, un crítico del New Musical Express conocido por su implacable acidez. Luego me enteré que el periodista había escrito algo de Alan Vega que le había mosqueado mucho. Por un lado se sentía agredido o traicionado, pero además el creador de Suicide era tan vanidoso que tenía que sentirse divino delante de las cámaras, de ahí su tono tan condescendiente y borde conmigo.”