¿Y con las cámaras apagadas qué tal se portaba Alan Vega?

“Era muy complicado en todo momento. Bebía mucho, se drogaba aún más y era muy disparatado. Un año antes estuvimos con él en Ámsterdam rodando una exposición de esculturas y allí se mostró incluso amable, pues nos dejó grabar el proceso de elaboración de una de ellas, que se emitió en el programa. Tuve que convencer al equipo técnico para que trabajara toda la noche, pues este era el único momento del día en que Alan Vega se ponía manos a la obra. Lo peor era aguantar sus caprichos y sus tiros de cocaína. Yo le iba haciendo porros, para ver si así le calmaba un poco. Pero para lo que era él, se portó muy bien en el rodaje. Cuando le trajimos al programa, nos encontramos al Alan Vega más gamberro, pero al menos cumplió.”

¿Más gamberro? Cuéntame.

“Lo primero que nos pidió nada más aterrizar en Madrid fue cinco gramos. Y con una coletilla: “yo si no tengo la cocaína no me trato con nadie ni voy al programa”. Fue el único artista que me pidió droga como cláusula casi contractual. Porque solicitarlo para engrasar el grupo antes del concierto hubo varios. Alguno también por pura necesidad. Eran muchos casos diferentes, incluyendo aquellos en los que yo, gustosamente, he compartido drogas con ellos.”

Pues si te parece seguimos con artistas difíciles que pasaron por el programa: Johnny Thunders.

“Efectivamente, más gamberro, más peligroso y más complicado que Alan Vega. Durante la entrevista que le hicimos el manager recalcó que su artista estaba dejando la heroína. Mentira podrida. Me enteré que no era así por Oriol Llopis, admirador de Thunders, ayudante mío y por entonces también mi pareja sentimental. Aunque Oriol había tenido problemas con la heroína, confié en él porque ya estaba desenganchado. Tampoco era verdad. Pero, así como de Johnny Thunders no me lo creí en ningún momento, con Oriol cuando me di cuenta ya no podía hacer nada. Algo se traían los dos entre manos; entonces me di cuenta del doble problema al que me enfrentaba. Como te decía, el manager nos vendió la moto de que estaba casi desintoxicado porque tenía algún bolo por Japón y tenía que ir con la cara lavada.”

Se rumoreaba que la actuación de Thunders corría peligro de ser boicoteada.

“Fue el manager, que todo el rato estaba poniendo trabas a la actuación. No sé si eran asuntos de caballo con Oriol, pero algo se traían entre manos y complicó todo el programa.”

John Cale fue otro icono neoyorquino cuya presencia nos regalaste.

“Me acuerdo que por entonces estaba intentando traer al programa a Nico. Y se me había ocurrido celebrar un encuentro con John Cale. Además, por un instante tuve la fantasía de intentarlo también con Lou Reed y juntar a buena parte de la formación mítica de The Velvet Underground. En 1984, la relación de John Cale con Lou Reed era nefasta (5 años después el artista visual Julian Schnabel consiguió un apretón de manos que nos trajo un disco inolvidable: “Songs For Drella”) y la reunión de los tres no fue posible, ni tan siquiera con Nico. Con John Cale no tuve una buena relación en Madrid; en cambio, él tenía una hija con la diseñadora Betsey Johnson, que por entonces era novia de un chico que había sido novio mío y que trabajaba como ayudante del fotógrafo Robert Mapplethorpe. Sé que Betsy la habló a John Cale de mí una vez y él le dijo que tenía ganas de volverme a ver porque sabía que no se había portado muy bien conmigo en Madrid. Pero no pudimos tener ese reencuentro.”

Siguiendo el rastro del downtown neoyorquino echo de menos a Laurie Anderson, por ejemplo.

“Intentamos traerla durante mucho tiempo. Fue una negociación muy larga que al final no se materializó.”