El acto de publicar un disco acontece como fruto de una trayectoria, y cada cual tiene la suya aunque en el fondo podríamos dividirlas en cinco o seis grupos básicos: los cantautores, los adolescentes que forman una banda, las voces privilegiadas, etc etc etc. Una de ellas corresponde a los músicos que se mueven en estudios de grabación alquilando su talento en obras de otros –los músicos de sesión llegaron a tener rango de estirpe hace treinta y muchos años- hasta que un día –bueno para ellos, a veces no tanto para el resto de mortales- se despiertan creyéndose capacitados para firmar un trabajo como jefes. La mayoría de ellos fracasa: no es lo mismo ser un músico con talento que buen compositor. Los pliegues de una gran canción pueden deberse ocasionalmente a un ingenioso arreglo instrumental, pero casi siempre nacen de la imaginación puesta en la creación de la estructura. En ensamblar todos los elementos de manera que juntos cobren vida.

Para ser guitarrista de sesión y visto este segundo álbum “A Fool For Everyone” (Vice 2008), no se le da mal a Mike Bones –el alias de Mike Strallow– el arte de componer. Quizás peque de un sonido demasiado profesional –a ratos me recuerda a la famosa agrupación de Muscle Shoals– sin decantarse por ningún género específico –aunque anda más cerca de Matthew Sweet que de Elliott Smith– pero al menos no abusa de su instrumento con el típico despliegue virtuoso y aburrido. Es sobrio en la medida que sobrio pueda ser el sonido de Joe Henry o de –con éste ha colaborado- Cass McCombs: elegante y con espacios. También, al igual que Will Oldham –el medio tiempo de “Today The World Is Worthy Of My Loathing”, además de la colaboración de Matt Sweeney-, guarda una actitud de distancia similar con la parte más melódica de sus composiciones para no exprimirla entera en el estribillo. Como Brendan Benson en “Lapalco” (2002), ni la recarga ni la dramatiza. Y busca –en la impedancia de un blues de libro como “A Fool For Everyone”, en el gracejo del compás de un vals tal que “Much More Than Love” o en el mimo de unos textos interesantes- atacar las piezas con la sobriedad de los grandes como Leonard Cohen. Eso sí, le falta el genio de ellos, aunque algunos temas accesibles –como “What I Have Left”, gracias a la intromisión de un piano tontorrón, o “One Moment´s Peace” con métrica reggae disimulada- suban el listón a niveles elogiables.