A diferencia de Parts & Labor o de Stereolab, el acercamiento de The Phantom Band a los ritmos kraut se produce desde una perspectiva folk muy a tono con el origen escocés de la banda. Como si la escucería de Island Records en 1969 tuviese sus oficinas principales en Alemania. Es un aroma folk muy subliminal aunque capaz de dotar de humanidad a la mecánica alemana; dura aunque permeable, y sensible al contubernio entre ritmo y melodía: lo notas en seguida, a los ochenta segundos de arrancar el álbum “Checkmate Savage” (Chemikal Underground 2009) con la canción “The Howling”, cuando la irrupción de la guitarra rítmica eclipsa cualquier cachivache y te captura entre los ecos de sus acordes.

El hipnotismo del sonido de la banda no tiene manías, hasta el punto de tornarse campestre a ráfagas –la imitación del croar de las ranas- en un instrumental llamado “Crocodile” que alcanza sin hastiar –vaivén tipo Mogwai: estamos en Chemikal Underground- los siete minutos y medio. En las pocas veces que el primer plano folk prevalece desgraciadamente baja el listón: un sendero que no funciona en grupos así –a menos que seas Led Zeppelin– pues se escora demasiado –será la voz de Rick Anthony en “Island” y “The Whole Is On my Side”– a U2. Y tampoco cuando coquetea con teclados sinuosos –“Left Hand Wave”– de escuela Depeche Mode. En cambio, si su corazón centroeuropeo acelera el pulso, The Phantom Band son capaces –“Folk Song Oblivion”- de hacer comprender a quien les escucha las posibles razones por las que Nick Cave vivió un tiempo en Alemania.