Si El Guincho es la selva virgen, Extraperlo es la visita guiada. Si Pablo Díaz-Reixa nos quitó el miedo a aventurarnos por la jungla a todo trapo y sin brújula, los cuatro de Extraperlo nos allanan el camino serpenteando entre palmeras y cocoteros hasta llegar a claros tan anacrónicos como el pop nuevaolero de Madrid, el imaginativo eclecticismo de Golpes Bajos y la zozobra mediterránea de Claustrofobia (“Noche en la montaña” parece tejida con los anhelos de Pedro Burruezo). En un principio no tenía pensado escribir sobre estos chicos (y chica) de veintitrés años. Dos personas sabias en la materia ya se habían encargado de plasmar esta sorpresa: Edgar Ducasse (y su profundo conocimiento del pop español) y Jaime Casas (uno de los criterios más vivos y fiables que me he encontrado en la prensa musical). Pero las bondades de “Desayuno continental” van creciendo en mí, obligándome a echar alguna flor más a un disco que pone la imaginación al servicio de la canción. Unas canciones de raíz tropical que fluyen sin arreones de groove, impulsadas por una voz perezosa que invita a soñar despierto.

 

Desde su texto, Ducasse advierte que “no estamos hablando de la respuesta casera a Vampire Weekend”, para luego acotar este universo localista de ambición universal con los nombres de “Kid Creole & The Coconuts, Orange Juice, Martin Denny, Lord Melody, Antenna o Cristina, es decir, ese hermanamiento inconsciente entre los sonidos de los años cuarenta o cincuenta y los, a menudo, fugaces y deliciosos proyectos de principios de los ochenta.” Jaime Casas, desde su cercanía al grupo, define este debut como “la versión rematadamente contemporánea de la exótica, porque tiene una capacidad evocativa difícil de encontrar en la nueva hornada de bandas de pop globalista.” El resto, aquí.

 

El Guincho, Extraperlo,… Esta corriente underground de pop global me ha hecho extender la memoria hasta aquellos días en que la movida madrileña acogió en su apogeo mediático al pop latino (con Los Coyotes como máximo exponente y Danza Invisible como engorroso sonrojo). O el caso de Los Mestizos. Desde Huesca y con poquísima suerte, el grupo de Juanjo Javierre supo encajar unas magníficas melodías en un vibrante marco de celebración multicultural. Aquellas canciones parecían hechas para propulsar la fiesta y alegrar los corazones. Las de Extraperlo parecen gustarse más en los desayunos sin prisas, en perezosas sobremesas y en tardes calurosas de incierto destino animadas con daiquiris y aliviadas con palmeras. Como dirían los Talking Heads: there’s nothing, but flowers. Que no es poco.