Después de La Edad de Oro te pones manos a la obra con otro espacio, La Estación de Perpignan.

“Era un encargo de Enrique Nicanor, entonces director de La 2. Iba a ser una serie de monográficos de artistas contemporáneos de peso que se iban a emitir durante tres meses para luego descansar otros tres; en total, unos veintiséis capítulos al año. A Enrique Nicanor desde el primer momento le hice que ver que no había condiciones para llevar a cabo su proyecto, porque no había productores ni realizadores. Él insistió, tiramos adelante y aquello fue un disparate. Además, coincidió con la destitución de Calviño y la llegada de Pilar Miró, en 1986, a la dirección de RTVE.”

 

¿Qué ocurría? ¿Hacían tabula rasa cuando había un cambió de dirección?

“Con los programas incómodos, como eran los míos, ocurría eso. La Estación de Perpignan era entonces un espacio de la administración anterior y desde que Pilar Miró llegó al poder estuvo en el punto de mira. Además, teníamos el añadido de estar sufriendo un bache de producción. Me cargaron con el mochuelo. La Estación de Perpignan no es un programa hecho por mí, ni siquiera fue el programa que me encargaron. Es el programa que se pudo salvar del desastre. Cuando lo diseñamos en un principio conté con músicos como Franco Battiato, The Stranglers y Wim Mertens, pero la primera decisión que tomó Pilar Miró respecto al programa es que la música desapareciera.”

 

¿Te dio algún motivo?

“A mí no porque nunca la traté. Siempre dio por sentado que yo pertenecía a la administración anterior y había que quitarme del medio. Supongo que no quería más problemas, así que La Estación de Perpignan dio paso a La Realidad Inventada, ya en 1988, que tuvo una corta vida. Por el camino quedarían muchas cosas por montar, como entrevistas con Julian Schnabel, David Salle, la escena del East Village neoyorquino de los ochenta y un  montón de cosas más que acabaron en el archivo de televisión por motivos políticos.”

 

¿Y qué fue de tu vida profesional después de La Realidad Inventada?

“Hice programas especiales escritos, realizados y dirigidos por mí, simplemente con un montador, un cámara y una señora en la producción. He hecho un Goya, un Miquel Barceló, un Maruja Mallo, un Motherwell y un Palazuelo. Estaba intentando hacer un especial Dalí para la Noche Temática de La 2 cuando caí enferma con el síndrome del “profesional quemado”. Desde entonces estoy de baja médica. Como dice mi amiga Charo González, que también trabaja en Televisión: enfermé por empeñarme en trabajar.”