A veces ocurre. Los diseños gráficos de los álbumes en principio tienen la misión de completar el mensaje que el artista pretende emitir, la mayoría de veces además divulgar algo de sí mismo o de su música para que el neófito obtenga información suplementaria. Así, ante la portada de un músico del que nunca has oído hablar, en las fracciones de segundo que tu vista se posará sobre el producto se transmitirá una información que tu cerebro se encargará de positivizar o negativizar. De manera que a veces, debido a una emisión incorrecta o tal vez a una mala lectura, esta información produce el efecto contrario.

 

Es lo que me ocurrió con el álbum “The Pirate´s Gospel” (Fargo 2006) de Alela Diane. En aquellos momentos, la mirada perdida de india que mostraba desde la portada –no me apetecía enfrentarme a un posible tema reivindicativo étnico- me echó para atrás. Después obviamente los buenos consejos de mis más que buenos colegas me obligaron a hacerme con un disco que, aún sin quitarme de encima la sensación de crines de corcel –o la pelambrera de Buffy Sainte-Marie-, tenía inoculado en su perfil de cantautora femenina un punto de blues embriagador.

 

No ha variado ostensiblemente la californiana la imagen  que desea transmitir desde la portada de “To Be Still” (Fargo 2009), aunque la sustitución del blanco y negro anterior por el color –más la presencia de una vestimenta de tejidos nobles- insinúa un toque fronterizo hispano que no corresponde al sonido del interior. Porque Alela aquí juega con el folk clásico de cantautora aderezado con matices country: menos blues, más slide y violín, y esa voz que parece brotar del manantial de agua más pura que una garganta jamás ha bebido. Como una versión femenina de aquel John Denver más naturista de “Rocky Mountain High”, con todo el bagaje de la Historia –Joan Baez, Judy Collins– en el pentagrama expuesto con la ayuda sabia de gente como Thom Monanhan y Adam Selzer (mantiene a Tom Menig al control). No es un disco que rompa moldes, revolucione la música o pretenda cambiar el mundo –ha pasado casi medio siglo de la irrupción de sus referentes- pero juega con lo sereno y apacible de manera magistral. Ideal en mañanas de domingo, cuando se necesita algo más que un jugo de naranja natural para obtener un poco de paz.

 

El sábado 30 Alela tocará en el Primavera Sound.