¿Están ahí? ¿Queda alguno por llegar al Fórum de las estrellas? ¿Nadie? Entonces me permitirán que durante unos minutos gire un poco el objetivo -ése que día tras día enfoca y desenfoca la irrealidad musical-, me aleje del Primavera y encuadre un pequeño hito que merece estar allí. A este lado, uno que se quedó en tierra, Glenn Mercer y “Wheels In Motion”. Déjenme que repase… no, no le veo en el cartel. Quizás el próximo año…

 

El miércoles creí verle en una sala pequeña. Le descubrí disfrazado de cincuentón neozelandés, con barba de marinero y la magia pop intacta. Me llegó al alma comprobar que The Bats son The Feelies inyectados de melodía. Pero ya existe un término para definir semejante privilegio: “Wheels In Motion”. Sus canciones, energéticas sin un gramo de glucosa, transitan por el interior de un Glenn Mercer moderado y entregado. Lejos de ser testigos de estar ante un flash artístico o una revelación pop, mis sentidos se vencen sin oponer resistencia ante el hipnótico dinamismo que animan las emociones, musitando con cautela: “pero, ¿es que hay más arte que ese?”.

 

El secreto es el acople. El ajuste perfecto entre riff y voz melódica. Y la lectura de esos humildes dilemas que nunca levantarán la voz ante las ruedas del tiempo, ni ocuparán el espacio que no les correspondió. El secreto es florecer todo ese metro cuadrado que rodea nuestros pies; no intentar tocar el cielo con escaleras de otros. Porque entonces las miradas se despistan, los sentimientos se engloban y el susurro se hace himno. Reflexionando sobre el poder ciego de algunas de sus canciones, llego a “Two Rights” con la severa certeza de que no voy a poder continuar con la irresistible charla que la guitarra de Mercer entabló hace media hora. Certifico mi incapacidad de dominar emociones ya de sobra conocidas. Cien veces que la escuché y estoy en el mismo punto. Eso no es una canción: es una hermosa barrera con la que me doy con saña. Repeat. Repeat. Repeat. El tramo final lo manejo con más calma, sin sobresaltos de fan pero con esa sonrisa boba que agradece cualquier disco.

 

En cuanto “Within You, Without You / Love You To” (o como llevar a los Beatles a tu terreno y que jamás quieran regresar) vaya anunciando el final, les devuelvo la mirada de este objetivo curioso. A partir del lunes seguro que David S. Mordoh pone corazón y vida a esa experiencia primaveral que todos están viviendo. La mía se llamó “Wheels In Motion”; no se vivió al aire libre, ni en comunión colectiva. Cuando ya estemos de vuelta, a este prematuro rescate (dos añitos lo contemplan) se lo habrá llevado alguna brisa marina. O un riff de Neil Young. O una descarga de My Bloody Valentine. O el coro de aplausos que merecen Yo La Tengo, agradecidos compinches del pequeño gran Glenn Mercer. Quizás el próximo año…