Los juglares de antaño han mudado su habitat palaciego por la comodidad creativa de una buhardilla de capital de provincias. Desde Galicia irrumpe Emilio José con “Chorando Apréndese” (Foehn 2009), seguramente el trabajo más importante del pop alternativo nacional del 2009. Escuchado desde otro punto de la periferia colonial, no hay palabras para describir el mosaico de sensaciones y sonidos que desprende. El disco es el vómito irreprimible de un ciudadano asqueado y al mismo tiempo contento por poder vomitar. Es rap de alcoba. Es político, DIY, precario, iluminado, atropellado, abigarrado, romántico, tan loco como cuerdo, travieso y lúcido. Es vida como vida es Animal Collective –o El Guincho, por poner un ejemplo de islas con clima afortunado- poniéndole música a “Los Lunes Al Sol” o a nuestra banda sonora diaria en estos tiempos de crisis y esperpento político. Es, por el formato y por la calidad y cantidad de la información suministrada, monumental.

Emilo está políticamente comprometido con su región pero no está dispuesto a hacer el avestruz por ella –numerosas menciones a las filiales de Inditex-, con un desparpajo narrativo –conciso, fulgurante- solo al abasto de quienes pueden convertir en arte –imposible no estar de acuerdo con la frase `Telefónica es una mierda´- lo más mundano; lo que todos piensan y quieren escuchar. En su mundo –el mundo actual del pop, donde cabe todo si se estructura con coherencia- pueden convivir cientos de nombres propios bajo el mismo techo de una música que mezcla lo castizo con lo electrónico, la evasión y la reflexión, Sarkozy, Lonely Planet, Usain Bolt, la hipoteca y el botellón, la mala política, la cultura multimedia degradada, Buñuel, Feijóo, Nuria Roca, Son Goku, Sharon Stone y Morcheeba. José quiere wifi en la aldea, quiere una Galicia mejor y más justa, más verdades que mentiras. Harto del sempiterno conformismo gallego, lo quiere y lo reclama con melodías tan inmediatas como las de un Jonathan Richman capaz de conectar la herencia gallega con la música brasileña.

Para dar mayor realce a las múltiples aplicaciones de su talento, comprime casi todos los sonidos urbanos en el primer cd, dejando el segundo al libre albedrío de su veta romántica. Aquí florece el Emilio de las relaciones personales y del latido íntimo propio del tropicalismo, el del amor expresado a través de la samba lenta (con toda la precariedad de un gallego grabando en su habitación de ventanas con vistas de color gris puro y duro sin apenas relación con la luminosidad carioca) que mira a ultramar a través de ojos húmedos.

Desde Ourense. Con muchísimo amor, algo de odio, y toneladas de un cóctel tropical que mezcla locura con sentido común. Un Albert Pla reciclado con samples y a la gallega.