Antes de asegurar que son sus mejores discos, sí que creo que esta selección de cinco comprime la formación de Peter Hammill como músico y cantante. Concluyo su perfil en 1978, poco antes de componer “The Black Box”, última patada a la supuesta mediocridad antes de ser engullido por el sonido de los ochenta. Aunque la nueva década traería unas cláusulas -estéticas y comerciales- ante las que Hammill tuvo que rendirse, aún hoy se pueden rescatar algunas canciones de aquellos álbumes que sucumbieron al poder de las baterías metálicas y las producciones sin aristas. “Skin” (su primera y única canción comercial) me parece un acierto y sigo sin poder pasar por delante de “The Love Songs” sin sentir la misma grima que hace unos años me obligó a venderlo.

“Fool’s Mate” (71)

Supongo que a Peter Hammill el intenso trabajo dentro del generador no le permitía un segundo de relajación. Su primer disco en solitario parece el merecido recreo tras las sesiones de Van der Graaf Generator. Aparecen serios bocetos del David Bowie que preparaba su travesía estelar tras triunfar con “Hunky Dory”. ¿Quién influyó a quién? “Sunshine” parece la ruta entre Bowie y los Kinks, y junto a “Imperial Zeppelin”, forma el pack de rocanrroles que oxigenó sus pulmones. “Candle” se instala definitivamente cuando el personaje aún está por hacer.

“In Camera” (74)

Capa al hombro, Peter Hammill sale a escena y cumple con su papel más teatral, el de más envergadura. El personaje de furia desatada y espíritu solemne (presente entre 1972 y 1974) vive sus mejores horas. Las canciones se vuelven más rígidas y la instrumentación menos tradicional, la atmósfera se hace más irrespirable y la odisea final de “Gog Magog (In Bromine Chambers)” confirma una venta ya sospechada: el alma de Hammill pasa a manos del arte. “In Camera” es una estatua digna de admiración., pero ¿dónde quedó la empatía? Quizás si se hubiera incluido un contrapunto como “Wilhelmina” (preciosa melodía de piano, incluida en “Silent Corner And The Empty Stage”) se hubiera logrado un equilibrio más agradecido. Pero sin duda que esta no era la intención.

“Nadir’s Big Chance” (75)

Harto de mirar alrededor y ver zapatos de plataforma, lentejuelas por doquier y la palabra glam grabada con neones en discos de rock, Peter Hammill contraataca con la gran oportunidad del rockero Rikki Nadir. Inventa un personaje -nueva conexión con Bowie- para advertirnos de la amenaza de la frivolidad mientras carga las guitarras con la misma clase de furia (más orgánica) que la que exige su voz. Siendo un disco importante por lo que dice y como lo dice, el público más joven empezó a tenerlo en cuenta una tarde que John Lydon acudió a la radio y lo citó como una seria influencia para Sex Pistols. Así se entiende que una declaración de principios tan contundente como fue “Public Image” (primer single de PIL) guarde tanto parecido con la canción que titula este disco. Hammill empieza las gestiones para recuperar su alma…

“Over” (77)

…que por fin concluyen en este disco. En esa permanente búsqueda de una identidad artística -situándole en la misma conciencia de autor que John Cale-, el cantante le gana la partida al actor. Y las guitarras a los sintetizadores. Y la serenidad a la soberbia. “Over” es un gesto de renacimiento reforzado por la rúbrica final que reclaman los grandes discos. Hammill escribe en “Lost And Found” el ajuste de cuentas que tenía pendiente con su pasado (“no más insultos / no más orgullo hinchado”). Como dice el cuento, quien se convirtió en príncipe fue la rana que no paraba de croar.

“The Future Now” (78)

Si con “Nadir’s Big Chance” abofeteó a sus semejantes y en “Over” se reconcilió consigo mismo, “The Future Now” redacta el plan de paz con un futuro con el que tendrá que convivir. Esto no quiere decir que estemos ante un disco fácil. Ninguno de Peter Hammill lo es. Su virtud está en hacer más comprensibles sus complejas estructuras e intentar contener –que no domesticar- toda tormenta que se desate de ella. Sigue empeñado en reivindicarse ante lo que ve ahí fuera (“Pushing Thirty”), pero esta vez no deja que la rabia le alcance en lo personal. Siguiendo los paralelismos con Bowie, si pienso en los tonos fríos y elegantes me acuerdo de “Station To Station”; si caigo en la aventura exótica que se marca en “Motorbike In Africa”, surge “Lodger” al instante. Aunque hay detalles electrónicos con poca chicha y nula relevancia, estos son una tasa mínima que Hammill asume en su reencuentro con el mundo real.