“La musique marocaine moderne est morte, mes excuses à tous les artistes”. Moha Rouicha, 2008.

 La música de raíces tradicionales siempre ha estado a mi lado desde que prácticamente cogí conciencia musical. En mi familia siempre ha habido mecanismos para llegar a ella, de hecho sigue habiéndolos pasados 15 años de ese momento.

 Mientras en España sigue habiendo una clara división a la hora de atajar las necesidades lingüísticas de cada comunidad (el tema catalán siempre da que hablar para una parte de la población muy dada a ello) en Marruecos, país totalmente tribal antes de la islamización árabe, no hay debate, no hay defensa alguna de la lengua y podríamos decir que variantes milenarias como el amazigh, tachelhit, o el rifeño, todas ellas de procedencia bereber (se calcula que existen unas 400 alrededor del continente africano), están condenadas a la desaparición si alguien no le pone remedio en un tiempo récord. Artistas como Moha Rouicha, nacido en el corazón del Atlas, y por lo tanto, de tradición bereber, extienden la lengua y sus afilados lazos con las tribus del medio Atlas mediante maravillosas composiciones tradicionales por la televisión pública, radio e internet, sin que ni uno solo (básicamente el Rey Mohamed IV) de sus gobernantes tome cartas en el asunto. Sus raíces se van apagando día a día. Los ciudadanos bereberes tampoco son conscientes de todo esto, tienen asimilado que el idioma oficial es el árabe muy por delante del francés, siendo éste último solo hablado en grandes ciudades. No hay conciencia político-lingüística alguna, mientras el tiempo aprieta veloz en su contra. Cuando un país tiene tantos problemas de los que preocuparse, parece que esos otros siempre queden para el final, cuando quizá ya sea demasiado tarde. A pesar de que se reconoce la enseñanza escolar en bereber desde 1995, el número de parlantes va descendiendo año tras año.

 Rouicha sigue a lo suyo: graba magistrales discos en lengua bereber con insultante regularidad, extiende su cultura por todo Marruecos sin que el drama parezca afectar a los gobernantes ni tampoco a sus gentes. Sin conciencia masiva va a ser muy difícil, deben pensar muchos. Él es, junto a Idir, Oudaden o Marcel Khalife, uno de los exponentes de las culturas agonizantes magrebíes, ignoradas por sus gobiernos, sin una voz en occidente que las defienda. Y es que muchas veces, el sonido de un idioma junto a unas pocas notas es el llanto que prolonga el dolor de todo un pueblo.