Con este nombre, este origen –Toronto, Canadá– y las referencias –americana de la tierra de Neil Young-, sorprende toparse en The Rural Alberta Advantage con un sonido centrado en la batería. Se trata de una percusión mayormente simple cuya vivacidad no impide la resonancia triste. A esta sensación agridulce contribuye por supuesto la voz –hablamos de tristeza de escuela Jason Molina a veces apuntalada por otra voz femenina- y, en bastantes canciones, unos teclados arcaicos. Con tal receta minimalista –en cuanto a ingredientes, no a composición-, se crea un espacio muy abierto y sencillo donde casi parece que cuente más lo ausente que lo presente.

 

La apertura de “Hometowns” (Saddle Creek 2009) con “The Ballad Of RRA” es digna de Casiotone For The Painfully Alone: un beat simple es seccionado por voz; pero, donde debería reinar la aridez, va brotando algo –con la ayuda de un sonido mezcla de xilófono, violín y teclado- que riega la sequía y alumbra con cientos de lucecitas nuestra penumbra. Le siguen unas cuantas canciones cuyo denominador común –mezcla de intensidad cruda y accesibilidad triste- predice grandes momentos. Y éstos llegan un poquito después y a ráfagas –como Wilco– para no empalagar. Están en el sangrar de la voz de “Frank, AB” y en el arrullo brutal de los coros. En el palpitar escalofriante de la batería atrapando todas las resonancias del teclado confrontado a la voz rasposa en “Sleep All Day”, hasta caer todos entregados ante el arpegio de guitarra. Y en la resolución tan económica como letal –percusión y voz solo- de “Edmonton”, una plegaria a la altura solo de los más grandes –Fleet Foxes, The Felice Brothers– de este final de década. Como brotando del páramo.

 

El álbum lleva dando vueltas en el mercado independiente hace más de un año y ahora, gracias a la firma con Saddle Creek, ha sido reeditado con mayor repercusión. Más vale tarde…