Mis más sinceros respetos a los británicos por la lucha sin cuartel que han mantenido para dominar el mercado musical joven. Ellos se saben inferiores en casi todo cuando les comparan con los primos nuevos ricos del otro lado del Atlántico. Los norteamericanos tienen de todo pero más y más grande. Gran Bretaña sin embargo jamás ha estado dispuesta a abandonar su papel de madre patria en el pop, y menos desde que disipó cualquier duda regalando al planeta a The Beatles y The Rolling Stones. Pueden los gringos ser musicalmente más profesionales, tener una industria discográfica mastodóntica, y el grifo mediático amplificador. Los británicos no obstante se percataron que, al menos en pop, el ingenio es tan importante como el talonario, de modo que siempre han estado muy dispuestos a la creatividad. Aunque en los últimos tres años todas las miradas se centren en Brooklyn, nadie cierra los ojos cuando Londres saca un nuevo conejo de la chistera.

 

La aportación de las islas al pop consumista con credibilidad del 2009 se llama La Roux, y se inspira en la tradición británica jugando con la imagen sexualmente ambigua surgida del glam rock y, una década después, trasladada a la pista de baile con sonidos electrónicos de vetusta excelencia por la camada del tecno pop. La chica-que-parece-un-chico en cuestión es Eleanor Jackson, hija de la actriz Trudie Goodwin. Como buena estrella de pop británica, se apaña con un par de recursos económicos  -el pelo como cola de ardilla, unas lágrimas de cristal pegadas a la mejilla- para personalizar una imagen muy deudora del linaje que va de Bowie a The Human League. Musicalmente –aunque reconoce la deuda con el maestro e incluso tiene una pieza titulada “Quicksand”– anda más cerca de los segundos –tiene otra llamada “Fascination”– y de todo aquel entorno compuesto por hembras de voces muy personales –Yazoo, Eurythmics– sobre fondo de sintetizador. Le ayuda en la tarea –de hecho ella afirma que son un dúo- Ben Langmaid, amén de otros profesionales capaces de vestir el pop clásico con una producción puesta al día (por ejemplo Skream).

 

¿Es en definitiva recomendable? Sí. Absolutamente. “La Roux” (Polydor 2009) es un álbum muy coherente. Y compacto. Tal vez el mejor del año en su gama. Además de la repercusión contrastada de “In For The Kill” y “Bullet Proof”, todas las demás canciones son éxitos potenciales, con la sensación añadida de estar pensadas por una persona con los pies en tierra, lista, capaz de jugar con el eterno enigma teen de las preferencias sexuales, y que sabe que en el pop inteligente es más importante la lágrima de media libra esterlina comprada en los chinos que los cientos de dólares que cuesta el foco norteamericano que la alumbra.