El historial de Nick Thorburn es bastante más complejo y extenso que el de nuestros intrigantes invitados, jj.

 

Si con diecinueve años monta una banda y consigue el éxito y tres años después la reputación con el celebrado disco de The Unicorns, “Who Will Cut Our Hair When We’re Gone?”;

si deshace el chiringuito y experimenta con su socio Jamie Thompson el combo llamado Th’Corn Gangg, transición hacia su proyecto actual ya consolidado como Islands, desde el cual mostró sus destellos con “Return to the Sea” en 2006;

 

si mientras, se entretiene a jugar con Jim Guthrie en Human Highway para regalarnos ese sonido onda media, cercano al lo-fi, en que las melodías vocales sobresalen para darle esa preponderancia buscada entre los años 60 y 70;

si además sale a navegar por la costa del Pacífico con el productor de hip-hop Daddy Kev (¡vaya cocktail!) para ofrecer una colección preciosa de ritmos aderezados con collares hawaiianos titulada únicamente “Reefer”;

si Nick Diamonds (el alias de Thorburn) es capaz de hacer todo esto y encima se propone, en su último disco con Islands, reconciliarse con sus fieles seguidores y convencer al público ignoto esforzándose para crear una obra perfecta (?): “Vapours”;

si es capaz de hacer todo esto, nueve álbumes en esta década que nos abandona, lo primero que hay que hacer es quitarse el sombrero y después encarar “Vapours” con la eterna duda de la frescura.

En este mundo hay dos tipos de melómanos: los que creemos que todo el buen hacer, la máxima creatividad y la innovación confluyen en los artistas noveles, y los que opinan que sólo la madurez y el aprendizaje pueden conseguir la perfección en la composición de una canción popular.

Con mi declarado punto de vista puedo asegurar que “Vapours” es un disco perfecto, variado desde el pop hasta el rock, pulido minuciosamente siguiendo todas la reglas de la doctrina musical. Es el resultado del buen hacer y del bien querer. Es una colección que ni crece ni mengua escucha tras escucha. Es tan perfecta que tuve que ayudarme de sustancias estimuladoras, en mi caso el clásico güisqui, para conseguir que me emocionara y me hiciera vibrar.

Eternos debates sobre la edad de la creatividad y la búsqueda del estado ideal para conseguir descubrir ese destello escondido en las académicas notas del pentagrama.