Yo pensaba que estaba curado de espantos –sobre todo emocionales- desde “Berlin” (RCA 1973) de Lou Reed. Y no. Aún puedo sucumbir, pues nunca la situación límite es tan límite: siempre cabe esperar algo peor. Cualquiera que haya convivido con un problema de salud grave –familiar, profesional o del entorno- a un lado u otro de la cama, escuchará “Hospice” (Frenchkiss 2009) de The Antlers con un escalofrío que no remitirá desde la primera a la última canción. Escuchará la relación entre una persona enferma sin esperanza y quienes le cuidan. Entre paciente y otro paciente. Entre quien puede salvarse y quien no. La degeneración del estado físico y la degradación del alma y de las relaciones, destripando la agonía de una manera tan bonita y a la vez descarnada como unos Radiohead elevados al cubo.

 

Peter Silberman recurre bastante a una voz tipo Antony Hegarty para sus viñetas –que recuerdan al Tom Hanks de “Philadelphia”– de tubos clínicos y electrónica espectral. El vacío de la pérdida inminente, las pesadillas, los fémures y las tijeras, todo expuesto sin cortapisas, poéticamente, sea con un pop edulcorado –“Sylvia” suena a The Ronettes de purgatorio-, incluso falsamente alegre –“Bear” podría ser de Stephin Merritt, que no merry: humor casi negro-, con sus imágenes sobrecogedoras –`we´re terrified of one another, terrified of what it means/…/ you sit in front of snowy television, suitcase on the floor´– y siempre preservando el sentido de la composición –el final torrencial de “Wake”– aunque se alargue el minutaje. Muchas sombras, y solo algunas rotas con ráfagas de luz.´Don´t be scared to speak, don´t bargain when you´re weak, don´t take that sharp abuse. Some patients can´t be saved but that burden´s not on you. Don´t ever let anyone tell you you deserve that´. Bestial.

 

Ningún disco este año me deja más cerca del abismo que éste. Y ninguno, cuando acabo de escucharlo, me hace sentir más contento de estar sano y consciente de la suerte que tengo.