Fue una conversación la mar de cómoda. Marc Almond tenía ganas de hablar y yo de cotillear, una conjunción astral que en mi mapa astronómico no se da con frecuencia. Le pregunté por su pronta afición al soul, más Motown que Stax, más la finura del northern soul que el vozarrón sureño. Me dijo que aquello empezó cuando se dio cuenta de que detrás de las melodías exultantes del soul se escondían historias bastante tristes. No sólo se refería a “Tainted Love” –popularizada por Gloria Jones en 1964-; también a “Where Did Our Love Go?”, “What” y a las que seguramente se quedaron en el tintero debido a que su alianza con David Ball en Soft Cell duró mucho menos de lo que algunos hubiéramos deseado. Con aquellas versiones aprendió a levantar vistosos escaparates para exponer las historias más sórdidas. Luces de neón para presentar la decadencia. Y eso es lo que fue “Non-Stop Erotic Cabaret”, además del disco más valiente salido del tecno-pop ochentero y uno de los entretenimientos más serios que han pasado por mis oídos.

Veo a “Frustration” –la canción que lo abría- como la gran motivación de aquel disco. Señalando directamente a las frustraciones inconfesables de la clase media británica, Almond hizo turismo sexual en diez canciones por las noches calientes del Soho de Londres. Por un lado estaban los que tenían “una buena vida, una mujer vulgar, un coche, un bar favorito, un buen sueldo y los típicos achaques de la edad” y por éste los que reconocieron en el hedonismo sin peros la solución a la mediocridad estereotipada. Dicho esto, permítanme un juego de espejos, enfrentar el reflejo de “Frustration” con el melodrama barroco de “Say Hello Wave Goodbye”, desenlace final de aquel burlesque nuevaolero. Los tonos asquerosamente grises de la mayoría con la miseria amorosa de aquel hombre que, huyendo de su mordaza burguesa, se atrevió a jugar con las normas de la noche y acabó confundiendo amor y sexo para terminar volviendo al punto de partida. “Encontraré a alguien / que no vaya con el precio colgando / Una pequeña ama de casa / que me dé una vida tranquila / y no deje que se me vaya la olla”. La frustración cerraba así su ciclo de maduración sin distinguir entre unos y otros, cobardes y valientes, sensatos y alocados, hombres y críos. Algunos piensan que el objetivo no está en fracasar menos, sino de ser sincero con uno mismo para fracasar mejor. ¿Frase con trampa o genialidad?

Para Marc Almond fueron noches levantadas con muchos gramos de cocaína y fuertes dosis de LSD con las que poder asesinar las ambiciones de la clase media y dar un nuevo sentido a lo que hay entre el nacimiento y la muerte. Para mí, “Frustration” fue EL himno; una bandera menos peleona pero más convincente que “Anarchy In The UK” o “My Generation”.