Mi debilidad ocasional por la épica, y sobre todo por la buena gestión que de ésta casi siempre han hecho los escoceses, me lleva a veces a terrenos con la opinión pública dividida. La épica escocesa de cantautor puso sobre el tapete a Malcolm Middleton; la instrumental a Mogwai; la de espíritu punk a Frightened Rabbit; y la épica “épica” a Glasvegas. Todos tienen en común la denominación de origen –salvo los segundos, por callados-, el inconfundible acento cantando, y un gusto insano por saldar cuentas con el mundo.

 

A todos ellos habría que añadir a We Were Promised Jetpacks. Los de Glasgow comparten estrategia con Frightened Rabbit: esos bajos gordos y gélidos de Joy Division creando una tensión similar a Editors, aunque sin la gravedad vocal de ambos. Y esa tozudez rasgando acordes sin cesar –ese hipnotismo- limpios aunque acerados marca Echo & The Bunnymen. Pero sobre todo crean en “These Four Walls” (Fatcat 2009, producido por Ken Thomas) un espacio expansivo y sosegado que poco a poco va perfilando adecuado donde presentimos que algo sucederá. Y cuando sucede, cuando todo explota y la desazón se convierte en rabia, sube un escalofrío como un hongo atómico que por fin ha liberado toda la energía acumulada, más allá de la fría calle rodeada de edificaciones opresoras de barriada proletaria cuya alma es extirpada a diario (“Short Bursts”), más allá del ático (“This Is My House, This Is My Home”), más allá del cielo (“It´s thunder And It´s Lightning”), más allá de Coldplay (“Keeping Warm”).

 

Vivimos a remolque de promesas incumplidas –llámalas jetpacks o llámalas una vida mejor-, en un mundo de realidades inadmisibles y sueños inalcanzables, necesitados de sonidos que constaten nuestro aislamiento y que, al mismo tiempo, nos hagan sentir menos solos.