“La superbe” me supera. La soberbia (¿o lo soberbio?), según Benjamin Biolay, se nos presenta como una odisea moderna que parte desde la opulencia orquestal para dejarse llevar por los vientos solitarios de la noche y el triunfalismo de una chanson cada vez más confundida con el pop de cuna inglesa. El músico de Lyon (aún) no es Serge Gainsbourg, pero aprendiendo cuatro trucos suyos parece haberle dado frescura y modernidad al obsoleto arte de la seducción.

Sin embargo, reconozco que al primer minuto de “La superbe” ya miraba para otro lado. La canción que la titula agradará a los que gusten de la grandeza orquestal, pero hace poca justicia a un disco que puede ser carnoso, melifluo, chulesco, romántico o juvenil, pero nunca pomposo. Biolay se ha empeñado en pasar a la historia como el compositor del “Songs In The Key Of Life” en lengua francesa. La referencia de Stevie Wonder la ha servido él mismo en bandeja en las entrevistas promocionales que he podido leer. En todas menciona el disco. Pero si hablamos de obras conceptuales, con un sentido unificador, voluntad de reunir diferentes ánimos en un mismo escenario y un minutaje a prueba de paciencias, la gran obra de Prince -“Sign Of The Times”- surge de la memoria como listón para locos. “La superbe” apunta alto pero le falta algo de continuidad para salir airoso de la ciclópea misión del disco interminable.

La trayectoria amorosa que dibuja Biolay pasa por veintitrés canciones, dispuestas sin orden en tres bloques. Veo las que recurren al efecto Gainsbourg, bastardo de la chanson que en su día se empapó de la frivolidad pop, del rock en los setenta o el reggae cuando tocaba, con el fin siempre de no perder el pulso de la época que le tocó vivir. El rap susurrado de “Padam” o la conversación de “Brandt Rapsodie” no aportan grandes riesgos en lo creativo pero igual sí en la inminente figura del artista. Luego están los humos del cool jazz; canciones como “La Toxicomanie” o “Miss Catastrophe”, testigos de las noches de Biolay.

Pero me quedo con las canciones que se niegan en rotundo a reprimir el impulso juvenil que las hizo nacer. “Si Tu Sois Mon Regard” parece la respuesta francesa a “The First Of The Gang To Die” o “Disco 2000”: pura adrenalina con forma de pop que incluso se lanza de frente a la conquista de un auditorio educado en las confidencias a media luz. El personaje de Biolay (“mis historias no son autobiográficas”: no me lo creo) va perfilándose como una mezcla del orgullo de la common people y el amor fou de las historias de Becker o Carné. Aprovechando las burbujas a presión del pop y la melodía de seducción de la chanson, recomiendo “Si Tu Suis Mon Regard” como sintonía de alarma en los móviles; incluso para los que no madrugamos demasiado, pero necesitamos un plus de motivación para dejar de considerar -aunque sea por un día- el empujón del metro como una agresión de primer orden. O “Reviens Mon Amour”, con ese triunfalismo magníficamente impostado que anula la miseria de una historia herida de muerte. Bien por el Biolay actor, que igual se vuelve tanguero en el Buenos Aires que idealiza como vencedor de una historia en la que acabó con el corazón partido.

Se le nota sobrado, crecido y hasta guapo. Aún así, “La superbe” no consigue dar alcance a sus presas admiradas, pero sus destellos lo hacen un disco valiente. Tiene paja, pero soy de los que piensa que una extensa panorámica con picos hacia arriba no puede verse menospreciada por sus valles menos atractivos.