Decidí no escribir sobre esta década que ya agoniza. No se trata de principios, sino de pura pereza. No tengo tiempo para repasar listas ni encuentro el momento de descubrir lo que se me escapó. Sin embargo, y sin razón aparente, desde hace días me llegan ráfagas de flashbacks de la década anterior. ¿Quién me está metiendo los dedos en el cerebro? Los detallo a continuación tal como los recibí.

* El número de Malsonando con Pavement en la portada. Ni la superproducción “fanzinera” que fue Factory ni mucho menos la generosa publicación Spiral: me quedo con el trío Malsonando y su manera de hacer crónica musical mediante una comunicación imperfecta y un eje fascinante, como es el entusiasmo prendado de rigor. Lo que echo en falta en muchas firmas jóvenes.

* Dream Warriors, Jungle Brothers, Prince Paul, Arrested Development. ¿Fueron víctimas periféricas del gangsta rap? ¿Pudo entonces el discurso violento cortarle las alas a otro tipo de compromiso afroamericano? Las ejecuciones de Notorious B.I.G. y 2Pac demostraron que con dinero se puede negociar todo excepto el ansia de violencia. Llegados a este punto, mejor ni hablamos de New Kingdom, fantástica caricatura y devoción personal que jamás saldrá en listas de hip-hop. Su hábitat eran las nubes de marihuana. ¿Soy frívolo?

* Tardes de sábado en Discos Del Sur, meeting point del indie madrileño. Los noventa nacieron con el acta de defunción de “FM2″ –fantástico espacio televisivo de Diego Manrique- y se despidieron con el calvario de los tenderos. Sí, lo echo de menos.

* La mirada de Josetxo Anitua desde el escenario. En un mundo donde todos parecían pedir perdón, no saben lo que crecí como espectador manteniendo esa mirada.

* La camisa roja de Guy Piccioto en el concierto que Fugazi dieron en Madrid en 1994. Presentaban “In On The KIll Taker”, aún mi disco favorito del grupo. Aquella camisa fue para mí un símbolo de tensión eléctrica, sexual para otros y otras. Una camisa empapada de sudor antes incluso de empezar la descarga. Un tsunami psíquico la mar de saludable. Algunos asistentes tuvieron que enfilar la salida antes de tiempo por indisposición pasajera.

* Hasta los más memos se podían hacer con verdaderas colecciones de discos en poco tiempo gracias al despilfarro promocional de discográficas y distribuidoras. Recuerdo sin cariño la primera vez que fui a pedir. Me acompañaban unas credenciales de aúpa: quería hablar de Liz Phair en las fotocopias grapadas a las que llamaba fanzine. “¿Vinilo o CD?”, me respondió el gran jefe.

* Ver a Jesus & Mary Chain en un escenario de Benicassim y al día siguiente ver a Jesus & Mary Chain en el mismo escenario de Benicassim. Los hermanos Reid no tuvieron problema para cubrir la espantada de otro de los grupos. Desde luego que el tamaño (del negocio) importa. Hoy cualquier mindundi pide un abogado antes de dar el “no”.

* Un día me llamó a casa Santi Carrillo para pedirme la lista de mis discos favoritos de la historia. Le mandé cien. El primero era aquel disco de Naked City en el que aparecía un gánster derribado a balazos. A partir de aquel pepinazo -punk y disciplina nuevamente juntos- mis inquietudes musicales dieron un giro radical. El jazz en particular y las barbaridades en general se instalaron en mis compras. Hasta entonces solo conocía el ruido a través del rock y la saga Throbbing Gristle.

* Con The Stone Roses empezaron los noventa…. No para mí, que los celebré un poco después, exactamente el día que Jorge Albi telefoneó al periodista Rafa Cervera desde su programa radiofónico, “La Conjura de las Danzas”. Rafa presentó dos discos de los que no había oído hablar: “Slanted & Enchanted” (Pavement) y “No Pocky For Kitty” (Superchunk). Un mes después, Albi repitió la llamada; el periodista le esperaba con “Dry” (PJ Harvey). Desde entonces se me olvidó sintonizar Radio 3. Ahora no sé ni donde tengo la radio.

* Las indigestiones de post-rock. Miro atrás y me mareo. No sé qué pensar. Si Moonshake fueron post-rock, ¡que viva! Si también se apuntan Labradford, conmigo no cuenten.

* Lo mucho que me siguen temblando las piernas cuando mis ojos caen en una zona conflictiva de las estanterías de discos. Es la sección electrónica, apartado downtempo. Es lo que tiene dejarse dominar por la emoción de creer sentir el zeitgeist a medio metro. Dije downtempo, pero podía decir breakbeat o clicks’n’cuts. Lo vendo barato.

* La crítica que Xavi Cervantes le hizo a Los Canadienses en Rockdelux. Resumo: se acabó el “todo vale” en el indie nacional con la excusa del “todos estamos en el mismo barco”. Gracias a la valentía de Xavi (¿crítica arbitraria?: a alguien le tenía que tocar), parte de la prensa se sintió legitimada para empezar a dar palos a los grupos nacionales.

* Lo bocazas que pude llegar a ser y lo mucho que me arrepiento.