Ciertos indicios pueden alumbrar una nueva corriente en nuestro cercano panorama musical. La marejada ha arrastrado durante largo tiempo a muchos artistas, la gran mayoría, a expresar sus sentimientos melódicos en castellano, e incluso, cual guías turísticas, han trabajado el cosmopolitismo lanzándose al cada día menos desconocido inglés.

Cantar en inglés para que el pop suene más adecuado o hacerlo en castellano para ampliar las miras de conciertos y descargas ha sido y es la máxima de unos cuantos años que pesan demasiado. Sin ánimo de concretar, porque la lista siempre sería larga, creo que Antònia Font y el subsiguiente Joan Miquel Oliver han sido el ejemplo de como afrontar la travesía en el desierto.

Luces al final de túnel como Emilio José desde Galicia, con su protesta en forma de collages sonoros, sus conciertos de rap honesto, su juego con la melodía, el sonido enlatado y la lengua gallega; su “Chorando Apréndese” supone una revitalización valiente de la realidad gallega, de acercarnos a su tierra para evitar su desarraigo musical y cultural, supone un destello en el monocarril oscuro de la masificación, de la uniformidad y la rutina, un chispazo, es un precioso canto a la diferencia.

Volver a oír el euskera de Mikel Laboa o Benito Lertxundi, en una voz joven y mucho más pop como la de Giorgo Bassmatti, es como volver a cumplir 18 años, volver a la añoranza, el retorno a la ilusión de un capuleto que ama a un pueblo montesco. Soñar con una merienda a la antigua usanza (“Kafea eta Galletak“) no es tan grave; es fácil, es sencillo, es sencillamente querer que la vida no busque tres pies al gato, es disfrutar de Giorgo, aunque tenga que ser en CD-R, por mucho que nunca pudiera estar en un sitio tan bonito como el Gaztetxe de Gernika.

Y los que tienen que salvar a Cataluña pueden venir en formato de disco correcto, correcto y nada más, como Manel, con un directo estudiado tanto que no permiten variaciones ni improvisaciones, el mensaje muy aprendido para evitar la sorpresa, demasiado medido, reconozco su mérito pero prefiero a gente como Fred i Son, desde Barcelona, llenos de vida, frescura, descaro, ritmo y diversión, directos al Primavera Club!!!!

Y los que más jodido lo tienen en esta nueva e hipotética moda son los castellanoparlantes, bueno, pueden renegar del absorbente inglés y conseguir un merecido post en esta Mochila. En cualquier caso, se quitan todos los complejos con canciones como “El Club Cocina”, “Petri”, “El Plan”, “Matrimonio”, “Mi Corbata”…. suena todo tan incierto y ambiguo que creo que Cohete han sorteado la lacra castellana con tanta soltura que me están empezando a dar “miedo”.

Y, mientras tanto, seguiremos perdiendo las gafas, la vergüenza y la edad en traducir frases forzadas e imposibles de idiomas foráneos.