A rey muerto, rey puesto. Bueno, exagero un poco. Pero es tanta la fragilidad que desprenden las canciones de “Feeler Of Pure Joy” (Arts & Crafts 2009) del canadiense Ryan Driver, que me remito sin pasar por ninguna referencia intermedia –salvo el parecido del título a alguno de su compatriota Mary Margaret O´Hara– a aquellos álbumes de John Martyn que le ponían el haz de humo a la madrugada (curiosamente el percusionista y productor aquí se llama Jean Martin). No One Can Say Too Well” podría hacerse añicos con tan solo añadirle un instrumento más, tal es su grado de pureza. Y “You Are Reside Me” no le va a la zaga con la colaboración femenina de Jennifer Castle de Castlemusic). Todo se mueve en un ambiente íntimo digno de los J.J.Cale y los Robert Wyatt más lentos, con elementos nobles propios del jazz con escobillas: las guitarras acústicas de “Time And Trouble” al Van Morrison tan laureado de la etapa entre 1968 y 1973, punteando suaves una sobre otra mientras el falsete vocal se regocija entre los arreglos cálidos. Cuando además permite que entren aires nuevos con algún pespunte electrónico, es tan sutil y elegante el efecto –fundido entre el grosor del contrabajo en “When Were You In Mexico?”– como en el álbum “One World” del difunto maestro. Y puede a veces arrimarse a lo tradicional –“That´s Which Way The waterfalls”– o dejar que aisladamente las formas predominen sobre el fondo –“Oh The World Between Us”– y dispersen el discurso, pero sabe volver en seguida –“Spinning Towers”– al redil. Poco más que comentar, salvo que el contenido del álbum –que se puede mejorar, sobre todo en el tramo final- responde a las expectativas de su título. Escúchalo mientras procuras dormir. Dulces sueños.