Le he estado dando vueltas a este disco durante meses. Nunca le hago ascos a la franja más dulce del country alternativo, la que se inspira en el folk de alcoba y reconforta entre sus acordes cálidos y sencillos en la intimidad de un hogar mullido de invierno. Tengo unos cuantos nombres humildes que me sacan de más de un apuro durante los meses de frío, como Danny Wilson, Grand Drive o Horse Stories.

Mi objeción básica cuando empecé a enfrentarme a “Nothing Gold Can Stay” (Loose 2009) era la propia genética de The Duke & The King (nada que ver con hipotético cruce entre David Bowie y Michael Jackson). Siendo uno de sus componentes parte de The Felice Brothers, tenía previsto escuchar algo más visceral y con los tentáculos de country peleón atrapando con mayor fuerza. Pero no este sonido relajado invernal. No tocaba. No estaba en mi esquema mental. Y, cuando sucede esto, cuando lo que buscabas era algo de guerra y te das de bruces con la paz, lo ves todo acomodaticio, autocomplaciente y soso mientras batallas contra tus propios fantasmas buscando peros. “Lose My Self” podría venir de unos Pink Floyd norteamericanos, mientras “Suzanne” propone un blues de salón pijo. Ahora bien, si en vez de enrocarte te dejas llevar por las circunstancias, te pones un collar y te miras en el espejo viendo a Devendra Banhart en vez de a un calvo, izas las banderas blancas pertinentes y firmas los armisticios que hagan falta, disfrutarás de la placidez eterna de estas canciones. Y no quiere decir que estés musicalmente muerto, ni siquiera que te has rendido para siempre. Es simplemente una tregua. Un álbum inofensivo, bonito. Que engordará la cubeta de los que me arrullan, pero no estará –porque siempre salgo de él sin rasguño alguno- en mi lista del 2009.