
Semana de listas. Empecemos por los que no están. Ya sea por motivos artísticos o logísticos, a ninguno de los que siguen, habituales en otros rankings, les veremos en el mío.
La insoportable levedad de Antony
Ante mi cara de palo, me miró fijamente y preguntó: “¿No crees que soy sensible?”. Pues ni me lo planteo, pero su discurso de adolescente inadaptado que acaba de descubrir el mundo, con sus pájaros y sus minerales (así me dijo en la entrevista), más que conmoverme me repelió. O espabila u otro seudo-humano que perdemos mientras siga predicando que las piedras también merecen que las tratemos con cariño. Una gran voz, sí. ¿Y qué? Perdonen mi falta de sensibilidad.
La generosa dispersión de Devendra Banhart
No me parece mal que no se tome a sí mismo muy en serio como artista, pero no le veo una personalidad musical tan poderosa que permita aglutinar sobre ella –y con éxito- todos sus inesperados tirones de ingenio. Devendra Banhart no tiene las hechuras de Frank Zappa. “What Will Be” es un disco pasable, prescindible, simpático y anodino. Sólo me atrevería a defenderlo como disco de tránsito… hacia un destino antológico que hoy no puedo imaginar.
La gran comilona de Benjamin Biolay
El problema es que se cree mejor de lo que es y así “La Superbe” corre el riesgo de parecer peor de lo que realmente es: un disco con buenas canciones a recordar, pero que no justifican lo pesado que se hace. Igual la solución se encuentra en aligerar el peso de Biolay en las canciones de Biolay. No tengo ni idea de cómo se hace. Él es el artista.
La fría elegancia de The Xx
Me aburro. Impulsado por publicaciones de tendencias como paradigma de elegancia frente a la frivolidad, a mí esa frialdad de plástico me deja eso, frío. Los bajos no me transmiten ni la décima parte de la inquietud de “Seventeen Seconds” (The Cure) y los sintetizadores juegan un rol de comparsa. Siguiendo por caminos presuntamente oscurillos, tampoco me dijo gran cosa el estreno de Fever Ray. Hasta me quedo antes con “Sounds Of The Universe”, de Depeche Mode. Bueno, si no pienso en la insoportable balada final de Martin Gore.
La incontinencia de Joe Crepúsculo
Si el encanto se puede apagar por dar más de lo mismo, imagina lo que ocurre cuando lo que se da es menos. Las canciones de “Chill Out” están tan cerca en el tiempo de las de “Supercrepus” que algunas rápidamente se delatan como meros calcos. Ahora mismo no encuentro un motivo para acudir a sus nuevas canciones. Joe vive su momento de gloria explotando sus recursos feístas, pero me temo que intentar exprimirlo sacando discos cada seis meses sólo nos puede conducir al desencanto. ¿Precipitado?
Las oleadas de recopilatorios subsaharianos
Empiezo a estar un poco empalagado del aluvión de remesas musicales africanas que se limitan al área del mejor fútbol negro, léase Nigeria, Ghana o Costa de Marfil. Necesitamos ya mismo otra serie a lo Ethiopiques, que alguien siga tirando del hilo de las raíces norteafricanas, que nos hablen del reggae de Zimbabwe o que se empiecen a reeditar las joyas ochenteras de afro-techno.
El inesperado plantón de Mark E. Smith
¿No estaba previsto que “Our Future, Your Clutter” se publicara antes de navidades? ¿Qué pasa, Marky? ¿No chuleabas en el anterior que ya tenías cincuenta pero más cuerda que todos los niñatos advenedizos? Si te has querido dar un descanso, se entiende de sobra. Pero espero que no se trate de tus malas pulgas, que ya no encuentres quien te acompañe a la mesa.
El gran sueño de Bruce Springsteen
Escucho todos los discos que saca el Boss y alguno hasta me lo compro. Todavía. Me pasó con “Magic” y ya me gustaría haber repetido con “Working On A Dream”. Hay canciones de pegada letal pero… lo siento, me carga participar de esta Gran Ovación Orquestada dedicada a cajeras de supermercado, delincuentes con corazón y demás presos de un sueño colectivo. Sí, jefe, yo también creo que la vida puede ser maravillosa, pero este año no he estado para muchas hostias.