Juro que mi primera ocurrencia al escuchar el arranque de “Summertime!” (Moshi Moshi 2009) de The Drums, con la canción “Let´s Go Surfing”, aparte del silbido similar a “Young Folks” de Peter Björn And John, me dejó paralizado en el estribillo. ¿De verdad dice `Obama I want to go surfing´? Una rápida ojeada a los textos me devolvió al marasmo de lo previsible: `Oh mama I want to go surfing´. Hubiese sido un puntazo, una entrada arrolladora con la que inmortalizar a este cuarteto formado en Brooklyn para toda la eternidad. En cualquier caso, aún están a tiempo si mantienen el listón de las canciones de este mini álbum.

Cierto, es de esos debuts de brillo inoxidable. Solo siete canciones en veinticinco minutos. Directas. Con la pátina de aquel pop emergente en plena vorágine del rock & roll hace aproximadamente medio siglo. Como un cruce entre la parte amable de los ritmos de Suicide –ellos prefieren utilizar la referencia de Joy Division-, las tonadas de Brill Building y contemporáneos –Frankie Valli, etc-, la juventud irreverente de Undertones y Orange Juice, y las consignas surf de Beach Boys. “Summertime!” es eso, verano, vacaciones, bronceado, cortes de pelo y amor adolescente, construido con palmas por almas convencidas de ello (Horse Shoes, el otro grupo de Jacob Graham, como ejemplo).

Sin embargo no es todo oro lo que reluce. Escrutados por encima los textos, se percibe en las relaciones más un enfoque amargo que la típica oda rosada: `summer´s just beginning baby/ I might learn to hate you lady/ one week in you´re acting crazy…´, cantan en “The Saddest Summer”. En “Make You Mine” son los celos: `and I don´t know what to do/ when I seeyou holding someone else´s hand…´. O en “Submarine”: `I even loved your family/ all I´ve given you was love/ and your heart has two sides…´. Incluso en “Don´t Be A Jerk, Johnny” los reproches, en contraste con la melodía alegremente tontorrona, suben de tono: `…now you´re just tragic/ believe in something/ you´re full of horse shit´. Si además en la canción final “I Felt Stupid” el estribillo tiene una subida calcada a “If You Could Read My Mind” de Gordon Lightfoot, los síntomas empiezan a casar: melodramas de iconografía Smiths –las fotos del CD- inoculados bajo la falsa corteza intrascendente. Productiva contradicción.