Hace tres años, cuando conversábamos acerca de la posibilidad de abrir una página en Internet, recuerdo nítidamente una frase de Víctor Lenore que me convenció para dar el paso: `así publicaremos cosas de gente que nos gusta y ahora no podemos; gente como Butterfly Child´. No lo he olvidado. Simplemente había quedado pendiente, más por cobardía que por falta de tiempo. Sí. Lo cierto es que, así como puedo ventilar una novedad con cuatro frases manidas, con la música que aprecio de verdad suelo andar con más cuidado de cara a conseguir que el mensaje traspase. Necesito las palabras adecuadas y no las encuentro, tal vez porque no hay palabras que hagan justicia a según qué discos.

De modo que habrá que recurrir al símil de una ecuación matemática para resolver el problema. ¿Alguien puede imaginar las virtudes melódicas de The Go-Betweens, Aztec Camera y Prefab Sprout resumidas en una sola alma bendita? ¿Pico demasiado alto, dirán algunos? Ni por asomo. Que Butterfly Child soportasen estoicamente el anonimato como sus contemporáneos East River Pipe –plural ficticio en ambos casos- es obra de un destino paralelo al otro lado del Atlántico. Joe Cassidy venía de Belfast y se movía, al igual que otros nombres como Papa Sprain, en el entorno de A.R. Kane, así que las primeras canciones de Butterfly Child aparecieron bajo el logo de h.Ark! “Onomatopoeia” (Rough Trade 1993) y “The Honeymoon Suite” (Dedicated 1995), experimentando con una posible fórmula, supusieron meros eslabones –también de adquisición obligada, sobre todo el primero-, como los clavos que necesita el alpinista para alcanzar la cima. Y para llegar a ella Joe tuvo que emigrar a Chicago, pues la oferta de relanzamiento vino de allá tras el fracaso europeo.

“Soft Explosives” (Hit It! 1998) responde a todas las posibilidades que alguien pueda imaginar de las dos palabras que le dan título. Es el dardo en la diana. Un crescendo encadenado de cuatro canciones a partir de “Drunk On Beauty” “Holy Hymn”, “Number One”, “When You Return”– se da un respiro para contraatacar –“The Beautiful Girls”, “Someone´s Sister”, “Don´t Talk To Me”, “The Sound Of Love Breaking Apart”– aniquilando cualquier resistencia. Ni Grant McLennan, ni Roddy Frame, ni siquiera Paddy McAloon consiguieron una ristra de perlas  tan consecutivas y tan refulgentes para confeccionar este collar único que te lleva en volandas a tu nube de enamoramiento. Besando tus tímpanos. Y mientras los violines, como sables al cortar la mantequilla en que se ha convertido tu corazón, se desparraman por aquí y por allá entre melodías insultantemente perfectas, te preguntas una vez más por qué Joe Cassidy no ha recibido la centésima parte del reconocimiento obtenido por el malogrado Grant, Roddy o Paddy. Por qué esta portada, lilácea como las orquídeas, no aparece entre las de los discos mejores de todos los tiempos.

Borrachera de amor, resaca sublime. Si el mundo ha de pararse un día, piensas ante “Soft Explosives”, que sea por culpa de música así.