El amor verdadero no dejará huellas a su paso, pero el que se escuchaba al otro lado de la fina pared de aquel hotel sabía cómo aliarse con los celos para marcar a fuego el destino de un hombre. Leonard Cohen tenía ganas de contarnos la caída y auge de un mujeriego. Phil Spector ansiaba dominar a un artista que le hablara en esos términos. Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Fue en una fiesta celebrada en su mansión californiana. El autor de “Famous Blue Raincoat” no rechazó la invitación, aun sabiendo que el estrafalario productor dominaba las tácticas para aceptar “por las malas”. Ignoro si aquella noche utilizó la del aire acondicionado –bajarlo al punto de congelación- o fue fiel a su preferida –cañón a la sien-. Lo cierto es que el señor Cohen le tendió la mano en un pacto de colaboración más jodido que los que extiende el diablo.

Aunque asumo mi desventaja, no creo ser el único que prefiere el descalabro logístico de “Death Of A Ladies’ Man” antes que sus trabajos más puros. Obra sexual de escaso contenido lúbrico pero más profunda que la misma vergüenza, me quedo con el brillo anoréxico de “Paper-Thin Hotel” antes que con cualquier clásico suyo. Supongo que Leonard Cohen se llevaría las manos a la cabeza al escuchar semejante barbaridad. Renegó de aquellas canciones nada más publicarse. Asegurándose que sus esbirros mantendrían al artista lejos del estudio de grabación, el cabrón de Spector ahogó la voz de Cohen entre sus muros, esta vez de un gran pozo. Pero así creó un fantasma invencible que a algunos nos asoma entre las marismas de la infidelidad. La tuya o la suya. ¿Los celos se superan o son las relaciones las que se reinventan? Surgen más preguntas. De todos las versos de Leonard Cohen saltan dudas. ¿Puede ser el voyeurismo un atajo para llegar a la siguiente casilla o es sintomático de una minusvalía emocional? Igual no se trata de buscar respuestas, sino de experimentar el placer de preguntarse o, si lo prefieren, de caer en la tentación de vivirlo.

“Paper-Thin Hotel” fue a Leonard Cohen lo que las coplas místicas a San Juan de la Cruz. Revelación sexual vs. revelación divina. O cuando los celos se transforman en deseo y la posesión pierde su sitio en el juego. Aquí tienen otro disco punk en el año del punk. Por actitud, por coraje, por descalabro, por mil virtudes y otros mil defectos. El amor contado en términos poco amables no ocultó sin embargo unas bondades con las que se articuló una justicia literaria que, más de treinta años después, seguirá sin poder reparar los grandes desperfectos del amor.