Más que un sueño adolescente, las letras de “Teen Dream” parecen tentadas de echar por un día el ancla sobre una juventud que ya dejaron atrás. Entré en el tercer disco de Beach House con pies de plomo, esperando una corriente de vapores dulzones que me transportaran a una urbanización de castillos en el aire. No tenía mucho que hacer aquel día. Garabateé las palabras dream pop en una hoja de papel mientras tibiamente recordaba algunas composiciones que crecieron con la fachada embellecida pero aquejadas de aluminosis en su estructura. Grandes arquitectos del skyline onírico como Dean Wareham y Robin Guthrie habían delineado con solidez y emoción sus diseños en el aire, pero desde entonces no encontré demasiados alumnos que pudieran sostener sus edificios por encima de las nubes. Hasta “Teen Dream”. Y no es que pretenda comparar el actual estado de forma de esta pareja de Baltimore con Galaxie 500 o Cocteau Twins. Simplemente constato el hecho de la importancia de levantar cimientos en las composiciones más estelares. Para seguir creyendo en la fantasía. Y que el sueño no derive en una simple ilusión.

Estamos ante diez canciones que transmiten las mejores vibraciones. Y dueñas de una virtud: cada una es un estribillo en sí misma. Cojan “Used To Be”. Gracias a la envidiable inspiración del piano, su concreción melódica y su acierto con el tempo, Victoria Legrand y Alex Scally evitan que los vientos rutinarios les empuje hacia el común estribillo que, dicho sea de paso, a estas alturas ya podría cortarnos todo menos la respiración. O “Take Care”, despedida emocionante sobre una partitura que poco a poco va tendiendo una escalera hacia ese club selecto al que sólo se permite el acceso con la inspiración acreditada. Es el imaginario territorio del góspel indie. Liz Fraser aún es directora honorífica.

A Sub Pop le ha tocado la lotería, pero ignoro a cuánto ascenderá el premio. Seguro que suena exagerado, pero han sido ya demasiadas escuchas sin que aún le haya restado el menor crédito a una impresión que tuve: aquí hay un pleno al quince tan inesperado como el que le sonrió a Portishead cuando salieron de la nada. Aunque, claro, el drama moderno y sofisticado impacta más en la historia que la ligera nostalgia de una inocencia perdida. Pero si alinean estas diez canciones verán otras tantas personalidades, bien diferenciadas y evocando una misma (ir)realidad. Un magnífico disco cuya fragilidad se tornará fortaleza cuando el huracán de las próximas modas arrase con los escaparates musicales. Entonces, “Silver Soul” y sus compañeras relucirán más si cabe en el camino desolado que dejará la memoria.

“Teen Dream” o el valor de la estética puesta al servicio de la funcionalidad. “Teen Dream”…o el dream team a batir en este 2010.