Entre los seguidores de Belle & Sebastian siempre se ha alentado, cuando se discute sobre cuál es su mejor trabajo, la guerra entre “If You´re Feeling Sinister” y “The Boy With The Arab Strap”, segundo y tercero respectivamente. Yo, que les seguía entonces más de cerca que ahora –entrañable su presentación en el BAM tocando el primero de los dos-, he de confesar mi devoción por el segundo. El verde mejor que el rojo. Reconozco sin embargo que la balanza se desequilibra hacia este lado gracias a un par de canciones; sobre todo “Seymour Stein”, mi favorita de la banda.

El título hace referencia a uno de los peces gordos de la industria discográfica. Seymour Stein a los 16 años -1958- trabajaba en Billboard y en 1966, junto a Richard Gottehrer, formó Sire Records, para la cual firmó, entre otros, a The Ramones, Talking Heads y Madonna. Aún sigue siendo su presidente (y vicepresidente de Warner Brothers). Lo que impacta de la canción, curiosamente una de las pocas no compuestas por Stuart Murdoch –sino por Stevie Jackson, uno de los miembros no originales, y el también músico escocés Roy Moller-, es la contraposición de un texto que parece relatar la importancia del posible encuentro entre un grupo con aspiraciones de éxito con sus supuestos mecenas, y la repercusión en la agenda personal aquel día de los afectados. Belle & Sebastian siempre han desmentido categóricamente que sea un dardo contra la industria, sino una simple composición tratando la disyuntiva entre ir a una comida importante para el futuro profesional o resolver un asunto personal. Una historia de amor. Por el tipo de arreglos, deberíamos creerles.

Tras soltar la primera estrofa, con la entrada de unos teclados finos pero que lo llenan todo, el discurso beligerante –half a World away/ ticket for a plane/ record company man/ I won´t be coming for dinner– choca con la plasticidad del paisaje, e incluso se percibe enseguida una nostalgia marca Dylannorth country girl/ I think she´s going to stay: no olvidemos los referentes de la banda ya plasmados en “Like Dylan In The Movies”– aunando con la colcha de teclado –no es Al Kooper, aunque sirve- el tono épico. Y la subida, confrontando las ciudades norteamericanas cosmopolitas con la Escocia de provincias y concretamente Dundee, lleva a un pasaje instrumental de matices sublimes supurando escarcha y rocío como los mejores temas invernales de Van Morrison. El resto del texto, con la supuesta alusión a Johnny MarrI heard the dinner went well/ you liked Chris´s jacket/ he reminded you of Johnny/ before he went to Electronic-, deja claro que el protagonista no acudió al ágape. Es un final políticamente correcto subrayando su independencia. Prefería la chica al contrato, de allí que la parte instrumental final pasa, a través de unas palmas, de la tristeza a la tibia alegría, atrapando uno de los epílogos más bonitos y evocadores que escucharse pueda –Seymour Stein sorry I missed you/ have a nice flight home/ it´s a good day for flying– antes de que el sonido de un avión se lleve las últimas notas.

No se sabe si Stein intentó de verdad fichar a Belle & Sebastian y si, según la viperina popular, ellos rechazaron la oferta alertados por el fracaso del magnate en su relación con James. O tal vez solo sea una ficción divertida. A mí me importa bastante más “Seymour Stein” como preciosidad sonora, símbolo de la languidez en su grado máximo y tesoro de valor que ninguna bolsa es digna de calcular.