
¿El entorno o la herencia? ¿O la interacción de ambos? Josh Carter y Sarah Barthel, Phantogram, vecinos y amigos de la infancia, fueron criados en granjas desperdigadas en una pequeña población al norte de Nueva York, Greenwich, en el área de Saratoga Springs. Josh, autodidacta en una familia eminentemente musical, juega con la percusión, las guitarras e incluso los teclados para ir componiendo pequeños bocetos musicales que graba con su cuatro pistas, tras una breve estancia en Nueva York experimentando con la banda de su hermano John, Grand Habit. Sarah abandona sus estudios de teatro y prefiere dirigir su pasión por las texturas, la belleza y la experimentación hacia la música y la canción.
El destino es el reencuentro, volver a casa, el destino es alejarse de la gran ciudad y empezar a desarrollar esas ideas bastas y esquemáticas que Josh había grabado en una cinta. Sarah aporta los adornos, las caricias vocales, consolida los bocetos de Josh con su piano y su voz, es el empujón necesario para cerciorarse de la consecución de sus sueños adolescentes. Sus autoproclamadas influencias de french pop, soul, doo-wop, clásica, jazz, krautrock, hip hop, indie o electrónica convergen en un estilo que denominan street Beat-psyche Pop. En esta profusión de texturas, difícil de discernir, destaca un estambre orgánico, demasiado orgánico entre tanta tecnología, quizás influencia subliminal de su pasión por Serge Gainsbourg, quizás la decrepitud callejera del maldito.
Sus actuaciones en vivo provocan cierto hipnotismo y trance, su música y presencia embaucan, son ráfagas de energía que han abierto a Zero 7, Yeasayer o Ra Ra Riot, y les hicieron aterrizar en el SXSW 09. Tras dos EPs de presentación durante 2009, firman con Barsuk Records y publican “Eyelid Movies” (Barsuk 2009). Fotogramas de dream pop en “All Dried Up”, Sarah ejerciendo de Cracknell en “As Far I Can See”, Josh criba el soul por el tamiz del dance en dos actos -“Bloody Palms” y “Furturistic Casket”- y los aplausos de “10.000 Claps” nos encandilan para que necesitemos más. No hay problema, hay 11 cortes para repetir, para seguir deslocalizándonos entre tantas corrientes musicales, para desengancharnos de Beach House y para encontrar los ritmos urbanos entre caminos rurales y porches de madera.
¿De dónde surge la inspiración para crear la música de la calle entre granjas y lagos? Serán los genes artísticos sometidos a las leyes mendelianas, serán los ricos valles granjeros, serán ambos…