Escribí este texto como apoyo a la entrevista efectuada al cerebro de Sparklehorse en primavera de 2001 para Rockdelux con motivo de la publicación del álbum “It´s A Wonderful Life”. De algún modo, su música siempre ha reflejado los altibajos anímicos que han desembocado en este desenlace.

TODO VA BIEN
Mark Linkous arranca su moto y el horizonte de Virginia se parte en dos. Atrás deja los antidepresivos. Un golpe suave de gas –nada de velocidad, no va de eso- le adentra en un paisaje cambiante tras cada curva. Montado sobre su corcel de metal, comienza a paladear la sensación de libertad mientras por delante de sus ojos desfilan todos los tics de una generación de su país –Blair, la bruja, Fargo, el privado Idaho y la belleza americana- mezclados con el apacible atardecer del bosque cercano a su casa. Podría jurar que es un sueño, otro más, de no ser porque ha echado pie al freno para no embestir al cervatillo que ha cruzado. Los últimos rayos solares rebotando en el verdor de las hojas reconfortan el alma y la preparan para otra velada apta para la composición –serenidad digna de Van Morrison la de “Sea Of Teeth”-, donde otra vez la luna y las estrellas y todos los insectos que las buscan se convertirán en protagonistas de sueños –ya no hace falta ni jurarlo ni pellizcarse- columpiándose en la delgada línea que los separa de las pesadillas. Es ese reflejo dorado arrullando “Gold Day” y “Babies On The Sun”, tibio y lánguido, mecido por una brisa country suave y aterciopelada capaz de sobrevivir –y de qué manera- ya bien entrada la madrugada hasta vestirla con traje de seda, el que permanecerá por encima y por detrás de todos los cataclismos naturales o provocados. Hora de virar el rumbo a la granja y retornar con cara de mirárselo todo antes de volver a poner el pie en un suelo del que no se está seguro si sigue allí. Pero todo va bien , Mark. Todo va bien.