Son la comidilla del SXSW 2010, sus triunfadores anticipados. Porque Local Natives proponen una música que a día de hoy no puede fallar: recuperar, después del subidón tribalista de Brooklyn y de la receta Animal Collective, el mismo respeto por las formas clásicas de canción que profesaba la escuela canadiense implantada por Arcade Fire hace un lustro.

Unos cuantos datos nos marcan un terreno pantanoso. La procedencia de Los Angeles suscita el grado de sospecha inicial, arrimándoles a una idea de producto discográfico prefabricado difícil de evitar. Y esa voz deudora de Jeff Buckley podría llevar a comparaciones equivocadas Guillemots, Keane– si no se escabullese de la grandeur coqueteando también con Fleet Foxes. Con este fardo de dudas a cuestas, surgen finalmente los datos esclarecedores: “Gorilla Manor” (Infectious 2009) responde al nombre de la casa donde conviven todos los miembros del grupo, lo cual inyecta al ambiente del disco una calidez especial familiar (similar a la de aquel primer álbum de los también californianos Counting Crows). A ello contribuye asimismo la genética de algún componente, como el origen colombiano de la madre de Kelcey Ayer: ¿no se palpa, al igual que en “Glory Hope Mountain” de The Acorn –madre hondureña- una chispa de humanidad –en la percusión, sin ir más lejos- de la que carece la música de genomas estrictamente anglosajones del primer mundo? Tan fácil, tan adictiva, tan obsesionada en hacerte sentir bien; saltando ante el combinado de batería, guitarras, teclados y cuerdas de “Camera Talks”, o ante el repiqueteo de “World News”; emocionando con la viñeta nostálgica de “Airplanes”; y arriesgándose a utilizar la mística vocal de Fleet Foxes para salir bien parados de una versión de “Warning Sign” de Talking Heads (numerosos pasajes le emparientan con los grupos influidos por estos últimos: “Sun Hands” parece un encuentro entre Modest Mouse y Franz Ferdinand, “World News” entre Clap Your Hands Say Yeah y Wolf Parade). Arpegios, pasión, y especial amor, como Grizzly Bear, en la tarea meritoria de extraer muestras tangibles de lo evanescente.

El gran mérito de “Gorilla Manor” es –un punto por debajo de “Teen Dream”, o tal vez no- su altísimo porcentaje de eficacia. Yo hasta el momento soy incapaz de saltarme más de una de las doce canciones de su debut.