Mirando apresuradamente la portada de “100 Days, 100 Nights” (Daptone 2007) ya se perciben las claves necesarias. Fondo de tonos anaranjados entre fuertes y mate, una mujer madurita pero coquetona posa encogiendo barriga y luciendo presumida todo el oro que puede vestir (y su piel negra hace lucir). Es el diseño gráfico adecuado para las necesidades del 2007: el toque hortera imprescindible si pretendes decir que facturas música negra clásica, combinado con un grafismo retro reciclado.

La historia de Sharon Jones, vocalista portentosa aunque sin gancho físico mediático, va unida a la de la creación de Daptone Records por Gabriel Roth, uno de los miembros de The Soul Providers, que montó una banda residente, The Dap-Kings, para –además de abaratar costes- acompañar a los solistas que se fichasen. Una banda todoterreno –funk, soul clásico, Stax, Atlantic, blues, etc- que, curiosamente, se curtió durante el verano de 2001 en La Boite de Barcelona, hasta conseguir la cohesión necesaria para acometer aventuras más prestigiosas –algunos miembros partieron para Antibalas- como la participación en buena parte de la grabación de “Back To Back” de Amy Winehouse tras ser descubierta por Mark Ronson (Sharon también ha colaborado con They Might Be Giants, Rufus Wainwright, Lou Reed y Michael Bublé). Con muchos de sus componentes blancos, se les ha llegado a definir como los MG´s de este milenio.

Su trabajo más conocido –hasta la publicación estos días de “I Learned The Hard Way”- es “100 Days, 100 Nights”, quizás debido a la burbuja mediática por coincidir con la eclosión de la Winehouse. Funk y R&B añejos, de manual, que nunca dejan que la parte tórrida de su repertorio cause –como The JB´s- quemaduras irreparables, de disciplina severa y formas clásicas, como marco perfecto para que la no menos perfecta profesionalidad de Sharon –la vocal y la interpretativa visual- luzca con la máxima elegancia que permite el género. Averiguar si tan solo se trata de un ejercicio de estilo de una banda muy bregada –reitero que me gustaría percibir algo más de sudor entre las notas: más en consonancia con su directo- atrapada en su propio mimetismo, o por el contrario estamos ante un trabajo de pureza inaudita –y, lo mejor, vigente- a estas alturas de la evolución musical, solo está al alcance de la percepción de quien lo escucha.

Un disco que me oxigena cuando, tras ingerir novedades mil, empiezo a no entender nada. Sharon estrena el nuevo álbum en SXSW 2010.