Cuando aún no se han apagado del todo los ecos de la reciente retrospectiva de la obra –gráfica, musical, pictórica- de Carlos Berlanga que se preparó con motivo de su cincuenta cumpleaños, y a la espera de que igualmente de manera oficial se publique el proyectado disco-homenaje repleto de nombres consagrados y evidentes, en Madrid y alrededores se organizó hace unas semanas y alrededor de una mesa camilla una revancha llena de amor y de sentida devoción. Gentiles Hombres Europeos es una improvisada asociación conformada por algunos de los últimos grupos de la escena nacional que, sin patrocinio y con myspace como exclusiva lanzadera, han decidido recrear varios de los momentos entre las incontables horas de placer y delirio que nuestro compulsivo esteta dejó para posteridad, ya fuera con grupo o en solitario. Nombres como Los Claveles, Los Alambres, Los Lagos de Hinault (antes Portonovo) o Los Directivos, todos ellos con pseudónimo –no por falsa modestia o timidez, sino por añadir más color y sana frivolidad a su propuesta-, diseñan su particular safari emocional haciendo parada en cada una de las etapas (a excepción de Kaka de Luxe donde Berlanga, no lo olvidemos, era un simple corista), con irreverencia, ingenuidad e idealización casi a partes iguales.

El resultado admite holgadas horquillas de opinión, pero procura no dejar margen para la indiferencia. “Vacaciones”, la canción estrella del último álbum del ex-Dinarama, “Impermeable” (2001), sampleada con el “Holiday” de Madonna y cantada por un hipotético descendiente de Las Hornadas Irritantes (Peter de Winter) en plena euforia post-Disco Pocho, la felizmente recuperada “Club de egipcios” -quizá la pieza más brillante de “Canciones profanas” (1983)- que aquí aparece por gentileza de Los Perros de Tíndalos y que suena a maqueta de los primeros Fangoria, o “Ivonne (Rendivú en el hipódromo)”, aquella canción del primer disco de Radio Futura cuya idea original partió del por entonces Pegamoide y que perpetran El Penalty de Panenka, quizá sean los cortes más sorprendentes y divertidos de un lote donde prima la recuperación del espíritu de aquella Nueva Ola Madrileña –no hay espacio esta vez para las suntuosidades del sonido Philadelphia o la brisa de Ipanema-, sin falsos efectismos, asumiendo las limitaciones sin dejar de recoger el guante y donde parece escucharse el eco de las palabras de Apollinaire (icono berlanguiano por excelencia) cuando recitaba aquello de “Sed indulgentes al compararnos / Con quienes fueron la perfección del orden / Nosotros que por doquier la aventura buscamos”. Quizá de esto último y no de otra cosa se trate.