Mal comienzo este año. Llego casi sin aliento al escenario Vice para, después de apreciar un retraso considerable, enterarme que un generador averiado provoca la suspensión del concierto de Emilio José. Me entretengo un rato escuchando a Sic Alps por primera vez –tengo un álbum suyo en lista de espera que tal vez descarte visto su directo- hasta la hora de The Books. Nuevo chasco. Se pospone el concierto a medianoche para rellenar el hueco producido por la cancelación de Seefeel. Como me toca cubrir el concierto para Rockdelux, me acerco de todos modos para certificar el cambio. Mientras tanto, la seguridad veda el paso al recinto del ATP a centenares de aficionados que no esperan sin saber. Después me dijeron que habían colgado letreros explicativos en ciertos puntos que podrían ser estratégicos sobre el papel, pero lo cierto es que donde debían estar –en el lugar donde se barraba el paso- no estaban.

No hay mal que por bien no venga. El percance me permite asistir a un concierto que se solapaba con The BooksThe Wave Pictures aparte: los vi diez minutos desde la atalaya y su sonido me pareció demasiado modoso- y que me apetecía mucho: Surfer Blood. Son el primer chute de reconciliación con el festival. Sonido fresco –¿me parece solo a mí o es cierto que el sonido de este escenario cubierto, aunque sea un poquito, ha mejorado?-, pop de vocalización adolescente y guitarras inteligentes –sin excesos ni defectos- trabajando en función de la pieza.

Obligaciones profesionales me hacen perder Titus Andronicus y gran parte de The xx en aras de Circulatory System y Ui. Lo que pude escuchar de The xx me dejó en ascuas. Por un lado, este minimalismo de guitarra, bajo y voz de escuela Young Marble Giants, jugando con los espacios, es muy atmosférico. Fallan sin embargo en lo musical pequeños detalles –yo preferiría una percusión normal en vez de la electrónica, aunque comprendo que es parte importante de la esencia de la banda- y en la puesta en escena gran parte de la estrategia: esas prendas completamente negras, licra estrecha con collares destacando, los peinados arios y las posturas del bajista. Uno no sabe si quieren suplantar a los camareros de un club –un restaurante japonés también- o han visto muchos reportajes de Ultravox.

También me tocaba asistir a Wild Beasts y The Big Pink, dos de los conciertos más esperados de la jornada, de modo que solo pude pillar retazos de Superchunk y Broken Social Scene. Me sorprendió la inclusión de los primeros en el escenario grande, aunque bienvenida sea incluso si solo la tomamos como decisión pedagógica. Además hicieron subir al escenario Tim Harrington, el cabecilla chiflado de Les Savy Fav, que se entretuvo un buen rato retorciéndose en el suelo mientras se hacía fotos con el móvil. En cuanto a los canadienses –con un nuevo disco que va creciendo-, mucho mejor cuando se nutren de las proteínas rítmicas hipnóticas de Stereolab que cuando derivan –el final- hacia el country. Kevin Drew además fue protagonista de una canción haciendo coros en el set de Pavement. Yo, que casi había olvidado el esencial “Slanted And Enchanted”, disfruté a ráfagas cabalgando entre sus ritmos cortantes, hasta que el sueño –no quería desgastarme ante el calendario de viernes y sábado-y el murmullo constante del público –atiborrado el San Miguel, además con muchísima gente que jamás había oído hablar de ellos- me hizo abandonar el recinto.