Si como lánguidos calificaríamos los discos de The Czars y Midlake, podemos hacernos una idea previa de una colaboración entre John Grant de los primeros y músicos de los segundos. Y no quedaremos decepcionados cuando le prestemos atención a “Queen Of Denmark” (Bella Union 2010). Es más, ahora mismo dudo que durante este 2010 escuchemos otra trilogía con la solidez romántica de las tres primeras canciones del álbum en un prodigioso ascenso emocional. Los arpegios de guitarra se disuelven cual pomada curativa al entrar la voz en “Tc And Honeybear”, con una vibración otoñal tan fuera de este mundo que a uno se le quita el aliento cuando queda el piano solo cediendo el paso a la flauta. Idéntico el estremecedor piano de “Marz” conduciendo unas armonías vocales tipo Midlake que las cuerdas se encargan de magnificar. Pero todo es mera calderilla ante la entrada espectacular del piano grave en “Where Dreams Go To Die” para que la voz preñada de un sentimiento increíble –your beauty is unstoppable: Grant está definiendo lo que suena- deje tiradas en la cuneta a todas las almas que tengan el privilegio de escucharla.

A partir de allí el nivel baja –nadie puede reprochárselo tras la exhibición- y el ambiente se hace más distendido, sobre todo porque nada hacía pensar que solo dos canciones después aflorarían el humor –you better fuck off now, you better leave me alone, canta en “Chicken Bones”-, los trucos de magia con el lenguaje –en “Outer Space”: I guess you must be extraterrestrial– y la elegancia retro: si digo que el piano facilón de “Silver Platter Club” merecería la firma de Gilbert O´Sullivan o Paul McCartney, me gustaría que se entienda como un elogio; así como que el piano eléctrico seventies de “It´s Easier” es la llave de un estribillo infalible en clave David Gates con Bread.

Puestos a buscarle el descosido a un traje Chanel, tal vez la utilización ostentosa de los teclados, sobre todo sintetizadores, puede obstruir la plasticidad innata de alguna composición como “Jesus Hates Faggots” –aunque se entiende su intención de potenciar el tono irónico: la caza al gay- o como una “Caramel” a la que hubiera bastado la voz tipo Antony acompañada de piano.

Como no podía ser de otra manera, la canción “Queen Of Denmark” supone el final perfecto. Humor por encima –corrosivo de saque: I wanted to change the world but I could not even change my underwear-, la amargura que subyace –who´s gonna be the one to save me from myself-, la subida brutal, el grito, la rabia, el todo y la nada. Cuando se hace el silencio, seguimos sin saber quién será su próxima Reina De Dinamarca. No importa. Mientras la incógnita siga proporcionando una obra maestra así, mientras existan compositores capaces de hacernos sentir el enorme peso de una hoja seca sobre nuestra cabeza en el bosque de otoño, los aficionados a la música no tenemos nada que temer.