Quinto álbum ya: ¡cómo pasan los años! Parece ayer cuando escuché por primera vez “Sad Songs For Dirty Lovers” (Talitres 2002) cayendo presa de su magnetismo. Aún hace no mucho tiempo seguía con la certeza de que jamás llegarían a un público masivo. Y hoy están a punto de dar el salto –a los estadios, a los grandes eventos patrocinados por operadoras de móviles- con la cabeza bien alta, fieles a los principios básicos de su sonido. El triunfo de la perseverancia, loado sea éste siempre.

La reflexión, aparte de ensalzar un continuismo, también persigue destacar el perfeccionismo. The National repiten la fórmula tomándose su tiempo (promedio de tres años entre disco y disco), limando los cantos y autoconvenciéndose de estar muy cerca de la plenitud. Con un sonido personal, intransferible y –lo que indica la proximidad de la meta- instantáneamente reconocible. Quizás, como Springsteen en su día, apenas se les note cuando ponen el piloto automático, surgiendo una vena épica capaz de emocionar con solo recitar la guía telefónica neoyorkina. Es el tono violáceo –título y diseño interior- que va de la pasión carmesí a la sombra del cardenal cuando las cosas no van bien. Tras un arranque que roza la decepción –la pirotecnia final de “Terrible Love” parece que quiera disimular alguna carencia de la pieza-, dan en la diana con el primer estribillo solvente –“Anyone´s Ghost”– para ir subiendo poco a poco, hasta que entre “Bloodbuzz Ohio” y “Lemonworld” se yergue el crooner, vulnerable a pecho descubierto, herido, tambaleante, aunque con una gallardía no vista a este lado de Nick Cave y al otro de Michael Stipe, dejándonos tan anonadados como de costumbre.

The National tienen el don de la solemnidad. Solemne es la música que te hace poner firme cuando la escuchas. Has de dejar todo lo que estás haciendo y quedarte quieto; es lo mejor. Te paraliza, te abre los poros y tu cuerpo empieza a absorber las partículas de emoción hasta verse anegado. Sí, sé que empiezan a sonar predecibles, como predecibles sonaban REM, y que no es “High Violet” (4AD 2010) superior a “Alligator” o “Boxer”. Pero sirve igualmente. Señores, ustedes erícense el vello con los sonidos que gusten. Yo sé con cuáles erizar el mío.