Aunque me cueste aceptarlo y piense que Dr. Dog merecen algo más que la humillante y sempiterna comparación con The Beatles, lo cierto es que soy el primero en buscar las similitudes cada vez que escucho un álbum nuevo suyo. Y “Shame, Shame” (Anti 2010) no iba a ser la excepción. Como casi siempre además ha ocurrido con todos sus discos a excepción del primero, la primera impresión es de que esta vez la han cagado (y no es una primera impresión original: en mi corta relación, tras el álbum blanco, con la música de los de Liverpool cuando aún estaban juntos, cada trabajo nuevo suyo me parecía un tropezón que después se convertía en acierto). Efímera, por supuesto. El gran truco de la música pop radica precisamente en este gran momento cuando, quitándote la venda tendenciosa –del sustantivo plural tendencias- de los ojos, te das cuenta que la manera de ser feliz no es desgastando tu amor en la mejor vestida, sino compartiéndolo con la mejor…a secas.

La música de Dr. Dog no está hecha de grandes alardes sino de pequeños momentos. Cuando la lógica natural de la concatenación de acordes perfecta te lleva a pensar que éste es uno de los estribillos de tu vida, hasta que escuchas el de la pieza siguiente y caes rendido igualmente ante sus virtudes. Te ocurrirá después de “Shadow People” –coescrita con Dan Auerbach de The Black Keys, por cierto primo del gran guitarrista Robert Quine-, cuando dejes “Station” para sumergirte en “Unbearable Why”, y de ésta pases a “Where´d All The Time Go” –¿no parece de Genesis el teclado inicial?- con sus acordes y voz tipo Lennon. Por supuesto el festín beatle prosigue: ese bajo infantil a dos notas de “Later” es puro “Ob-La-Di-Ob-La-Da”; la tonada de “Someday” incluyendo entre el texto el título de una canción famosa –I should have known better-; el bajo y los coros que Paul McCartney esbozó en “Ram”; las palmas en plan all together now de “All You Need Is Love” en “Jackie Wants A Black Eye”; y la guitarra con forma de dulce estilete de George Harrison en “Shame, Shame”. Con una prodigiosa salvedad: después de todas las comparaciones, a mí –será por las voces ya tan familiares- sus canciones me conquistan por tener el sello personal e intransferible de Dr. Dog. ¿Dónde está la contradicción pues?