Uno de los más de diez mandamientos de esta casa: nunca hablarás mal de alguien que suene a Bob Dylan. Danny Wilson –mejor Danny George Wilson, para no confundir con el grupo escocés de Postcard- lleva muchos años junto a Grand Drive aportando una versión edulcorada británica de la americana que arrancó con The Byrds para, después de varios álbumes –también uno en solitario: “The Famous Mad Mile” (2007)-, llegar a las raíces verdaderas. Danny sabe que Bob es la cima, y también sabe que él jamás le llegará a la suela de los talones salvo en el rasgueo de la acústica y en el tono vocal nasal, pero no tiene reparo en aprovecharse del hueco del mercado. Porque canciones plácidas y honestas, hoy, más bien pocas.

El parecido brota desde las primeras notas de “Streets Of Our Time” (Loose 2010) con “Harry The Van”. Ha ido a picar nada menos que en el tuétano de “Blood On The Tracks”. La misma cadencia en la descarga de sílabas que “Simple Twist Of Faith”, solo que con un texto desprovisto de su magia. A partir de allí Danny monta el chiringuito –armónica, banjo, mandolina, slide- con un ojo en las buenas vibraciones y otro en la nostalgia de cantautor, con referencia a temas clásicos –esa frase que piensas has escuchado antes en composiciones de otros- pasando de puntillas sobre un sonido de pelaje balsámico. Por sus amigos les conocerás, reza otro refrán: en su página myspace destacan amigos como The Duke & The King y The Magic Numbers. Añádasele el nombre de marras, tal vez un guiño al libro infantil convertido en película con participación de Jeremy Irons, y vemos que Danny And The Champions Of The World –que son Wilson acompañado mayoritariamente por miembros de Goldrush– encajan perfectamente en la sección acústica del festival de Glastonbury.