Como suele suceder con las relaciones humanas, en caso de duda lo mejor es buscar un periodo intenso de convivencia antes de decidir. ¿Cuántas veces has conocido a una persona y has deseado que ojalá accediese a compartir unos días de viaje juntos? En música, más o menos lo mismo. “Avi Buffalo” (Sub Pop 2010) de Avi Buffalo es de esos discos que uno graba a conciencia para meterlo en la mochila antes de despegar, sabiendo que sus interioridades son infinitas y han de ser descubiertas pausadamente. Y en tal proceso consistirá el gran deleite: el incomparable arte de la seducción.

Ya en el avión, con “Truth Sets In”, me empiezo a inquietar: sería una grave irresponsabilidad dejar mis emociones a merced de las palabras de un mozalbete californiano aún adolescente. Todo se va al carajo sin embargo nada más conjuntarse las voces desconjuntadas de “What´s In It For?”, la gran canción del 2010 –publicada en el 2009-, que rociará de frescor todos los meses cálidos del presente año. Las armonías soberbias, los coros trabajados aunque no exentos de un rastro de recochineo debido al gusto de Avi por el falsete, y unos arabescos de guitarra inesperados –por inteligentes, elegantes y bien estructurados- en una formación revestida de acné. Lo que sin embargo termina por seducir son los textos personales. Frases escupiendo viñetas: `no entendí que yo fuera la lágrima fría´ o `eres menuda y tus labios son como pequeños trozos de bacon´. ¿Qué puede haber allí para alguien sin nada que hacer? ¿Qué puede haber allí para mí?

Los parámetros de rock acústico con pinceladas de alcoba intimista para definir la música de Avi Buffalo son demasiado limitados. En este universo de electricidad interpretada según los cánones acústicos –o al revés: produce Aaron Embry, de cuyo currículo toca resaltar aquí su relación con Elliott Smith-, los pequeños detalles cuentan mucho, y son los que en definitiva le consiguen una personalidad distinta a cada canción. Me gustaría leer esos labios descritos en “Coaxed” durante una noche estrellada. Me gustaría decir que no la odio porque es libre, como en “Five Little Sluts”. Celebro el guiño al John Lennon menor –pero igualmente emocionante, el de “Woman”– en ciertas inflexiones –música y texto- de “Jessica”, así como la exaltación de la sexualidad estival de “Summer Cum”. Y caigo por fin rendido ante la progresión del sonido en la larga “Remember Last Time”, con un tramo instrumental donde el autor demuestra que, además de excelente guitarrista –esas lecciones aprendidas con un profesor de tintes jazzísticos-, sabe sacudirse la caspa mientras enfila la madurez. Cenefas de guitarra sangrantes. `Nunca he escrito una canción de amor, pero lo haré por ti´.

No puede faltar el final magnífico, de una belleza inexplicable –esos `yeah´ maliciosos al final de dos versos importantes- donde casa la opacidad acústica con las palabras ideales. `Todo este tiempo para morir. Y yo no quiero morir´. Una canción para cuando te sientas vulnerable pero `bien, como un rayo de sol cuando tu guitarra chirría entre las sábanas; cuando te sientas incompleto, sin apenas dormir, y sin nada bonito a mano para comer´. Yeah.

Me refriego la cara con la toallita hirviendo que la azafata me acaba de dar con unas pinzas, en uno de los rituales más asépticos de los vuelos largos. La miro, buscando en sus ojos una complicidad que no voy a encontrar. Ella no entenderá jamás esta mirada ni el anhelo que implica, ella no ha escuchado el álbum. Y yo, empotrado en mi asiento incómodo y preso del cinturón de seguridad que me protege de mis turbulencias privadas, jamás tendré la oportunidad de explicársela. Todo lo que puede hacer es regalarme una sonrisa piadosa y estúpida. La cortesía y la frialdad de las formas enfrentada al arrebato juvenil de la música de Avi Buffalo. Seguimos igual –de bien, de mal- pero ahora, después de viajar juntos, la quiero mucho más. Disco del año.