Vuelvo al símil futbolístico. La anomalía de los centrocampistas de la selección española no solo reside en su técnica desmesurada, sino en la inteligencia a la hora de utilizarla. Pueden hacer el pase y no lo hacen, esperan el momento propicio, dan otro toquecito al balón cuando piensas que iban a pasar, y lo sueltan cuando pensabas que lo iban a retener. Controlan de manera increíble el tiempo. Y esto, trasladado a la música y a la puesta de largo de The Drums, es lo que ha fallado y ha motivado que “The Drums” (Moshi Moshi 2010) se esté paladeando con cierto regusto de decepción.

¿Qué ha sucedido? La explicación más razonable ha de buscarse en la excelente acogida del EP introductorio “Summertime!”, y seguramente en la elección de temas de temas para conformar ambos productos. El aparente chute de optimismo de aquellas siete canciones ponía un listón difícil de superar en su misma gama, invitando a pensar que el álbum se manejaría por esta misma vía. Sin embargo, los doce cortes nuevos –más dos repetidos- esbozan el talante menos veraniego –que ya subyacía, tal como se apuntó aquí– y más introspectivo. No hay una intención tajante, sino más bien detalles sutiles en el sonido y en el ritmo, que le confieren una dimensión por encima –o por debajo, según se mire- de la publicitada vertiente hedonista. Si en vez de programar en esta secuencia The Drums hubiesen apostado por arrancar con un único disco sin aperitivo –más largo, con las diecisiete canciones juntas-, quizás ahora estarían todos hablando de obra maestra en vez de andar farfullando por las esquinas decepcionados. Escuchados así, en su orden cronológico y con la distancia temporal pertinente –de ahí mi reflexión acerca del timing-, el balance es agridulce porque no aportan más que en “Summertime!” –tampoco menos, pero eso no cuenta para los voraces devoradores de sensaciones nuevas-, lo cual, en esos tiempos donde se exige siempre una mejoría contrastada respecto al pasado, es todo un crimen. Quizás en otoño, cuando los ánimos se apacigüen con la llegada del frío, “The Drums” vuelva a ser considerado como el gran disco que es.