Caminando –parques, túneles de metro, etc- a veces me paro a escuchar a músicos de la calle, preguntándome en algunos casos –donde se evidencian calidades y virtudes- por qué no están en un estudio de grabación. Mayormente suelen –por operatividad al aire libre- tocar en formato acústico. Si esto sucede paseando por una ciudad estadounidense, bien podría encontrarme con una agrupación de las características de Carolina Chocolate Drops. Dos chicos y una chica de color de Carolina Del Norte –bien buscado el nombre-, con guitarras, banjo, violín y demás cacharrería étnica de cuerda hurgando en la herencia de la música de la región vecina de Piedmont. Las raíces negras de siglos atrás de los estados del sur recuperadas mezclando el rigor requerido con actitud trepidante. Suenan escandalosamente ricos comparados a la austeridad del otro talento joven –Frank Fairfield- trajinando en estos momentos con música –ésta más bien blanca y centrada en la época de la gran depresión- basada en composiciones tradicionales.

Podría parecer, por las características espartanas del género y la sencillez del trío, que “Genuine Negro Jig” (Nonesuch 2010) será de digestión aburrida, pero Rhiannon Giddens, Dom Flemons y Justin Robinson se las apañan para cubrir el mayor abanico posible, mezclando cortes rápidos, lentos, instrumentales, jigs y blues tradicionales –“Snowden´s Jig” es un dixie del siglo XIX-, alguno propio –“Kissin´ And Cussin´”-, y un par de versiones muy resultonas: la más impactante es la de “Hit ´em Up Style” –éxito R&B de Blu Cantrell en 2001 como puente ilustrativo entre las raíces y el presente- aunque a quienes suelen pasar por aquí probablemente les seduzca más “Trampled Rose” de Tom Waits.

Quizás paseando también les conociese Joe Henry, quedando tan entusiasmado como para producirles este lindo álbum. Su buen gusto es de sobras conocido, y el mejor dato –de ahí que resalte en los créditos- para convencer al consumidor.