Cuando los árboles no te dejan ver el bosque, todos cometemos errores. Cegado por el brillo estelar de la irrupción de Peter Broderick y su hermana Heather en un montón de proyectos hace dos años, centré mi post de Horse Feathers en ambos, cuando las Plumas De Caballo tenían un dueño –Justin Ringle- y ellos no hacían más que echar una generosa mano. Gregarios de postín de pronto nombrados -más que jefes de equipo- discípulos del rey Midas convirtiendo en oro todo lo que tocan.

De vuelta en tierra firme, con los padrinos en otra órbita y con la burbuja mediática desinflada, Ringle publica su tercer trabajo “Thistled Spring” (Kill Rock Stars 2010), nuevo tratado de música para escuchar –como su diseño gráfico aconseja- dejándose embrujar por la riqueza de sus texturas fundidas con la naturaleza. Minisinfonías loando a bosques, prado, flores, agua, etc –con títulos explícitos: “Thistled Spring”, “Starving Robins”, “Cascades”- dotadas de arreglos de orquestación casera cabalgando a veces sin pudor. No es estrictamente folk, como tampoco lo es Joanna Newsom, pues acude a estructuras de mayor complejidad que la típica composición con estribillo diáfano. Hay cierta herencia de los Van Morrison o Sufjan Stevens más ensoñadores acoplando instrumentos de cuerda y viento, pero, al revés que éstos, todo está ensamblado de una manera que no consigue atrapar la atención del oyente y maravillarlo más allá de las formas. Y, cuando el álbum empieza a sonar derivativo, se echa de menos algún corte albergando ese estribillo diáfano y conciso, tan a menudo despreciado, de infalibilidad pop. Eso sí, bonito lo es profusamente, y –sobre todo- sus raíces son excelentes, lo cual me alienta a pensar que jamás les veré encabezando una hornada new age post americana.