El primer álbum de Bombay Bicycle Club contenía los suficientes elementos para dedicarles un post aquí: pop británico –que no brit pop– con recursos, ora acerado ora tierno, calloso o melódico, que aún destacaba más por ser fruto de mentes adolescentes. En principio no pareció causar demasiado revuelo mediático, hasta que formaron parte de la gira anual de protegidos del NME. Buenos padrinos y promoción adecuada para un producto de perfil menor que de pronto se convierte en epicentro de la actualidad. Felicidades.

Tan animosos elogios sin embargo han propiciado una aventura arriesgada: segundo álbum de composiciones desnudas ensalzando el talento compositor Jack Steadman. “Flaws” (Universal 2010), de título apropiado –`podemos cagarla, lo sabemos´-, suena a unplugged de éxitos jamás difundidos. Dominio abrumador de guitarras acústicas funcionando a remolque de la composición, y acompañadas siempre de modo recatado por otros instrumentos. Abarcan desde un intimismo pastoral preciosista –“Leaving Blues”– o un folk simple de mandolinas que se tildaría de cursi si viniese firmado por Danny And The Champions Of The World“Ivy & Gold”-, a un ambiente más serio, como el temblor vocal tipo Conor Oberst de “Dust On The Ground” o el trote acuático de Michael Head en “Rinse Me Down”. Y, para que quede constancia de la profundidad de las raíces pese a la edad precoz, sueltan dos versiones –“Fairytale Lullaby” de John Martyn y “Swansea” de Joanna Newsom– a modo de señas de identidad.

Tras terminar la escucha del disco siento emociones contradictorias. Me cuesta admitir, al igual que Arctic Monkeys con el proyecto The Last Shadow Puppets, que unos imberbes sean capaces de abordar los sentimientos de géneros ancestrales que en principio no les deberían ser afines, y que salgan tan bien parados. Y al mismo tiempo me encanta el álbum y me parece estupendo que generaciones nuevas acudan a sonidos viejos con afán de doctorarse, encontrando su esencia con tanta precisión.