El post de Timmy Thomas me ha traído, una vez más, gratos recuerdos de los cuatro veranos que pasé dentro de una cabina haciendo bailar a la gente, básicamente turistas de vacaciones en la Costa Brava. “Why Can´t We Live Together” era de gran utilidad para salir o entrar en la llamada `tanda de lentos´, tres o cuatro canciones que servían para calmar los ánimos por fuera (a nivel sonoro) y para encenderlos por dentro (hora de achucharse). Según las épocas, existía un nutrido surtido de canciones para tal menester, y había que andar con mucho cuidado: quedarte en hora punta con la pista vacía, durante más de dos canciones, podía hacer que el público marchase a buscar ambiente a otro local, suponiendo un desastre mayúsculo con la consiguiente reprimenda por parte del dueño; incluso te jugabas el despido.

Recuerdo grandes canciones, sobre todo para salir de lentos. Desde un clásico para la madrugada como “Get Ready” de Rare Earth a los infalibles y populares “I Love To Love” (Tina Charles), “The Hustle” (Van McCoy), “Love´s Theme” (Love Unlimited Orchestra), “When Will I See You Again” (The Three Degrees), “Young Hearts Run Free” (Candi Staton), “Disco Stomp” (Hamilton Bohannon), o el no va más en 1975, “Rock Your Baby” (George McCrae).

Sin embargo la noche se componía de varios grupúsculos o segmentos de tres o cuatro canciones de duración –también glam y, por supuesto, el pop baturro de Slade o Suzi Quatro– que casi iban agrupados por sellos discográficos. Ahora toca Motown, ahora Barry White, ahora Philadelphia, -o sucedáneos: grandes “We Did It” (Syl Johnson), “I´ll Be Holding On” (Al Downing), “Feel The Need In Me” (Detroit Emeralds) o la sensualísima versión de “Where Did Our Love Go” (Donnie Elbert)- y después Miami. Donde encontraba más problemas era en la parte funk pues, salvo si recurría al siempre solvente aunque manido James Brown, solo podía contar con los clientes británicos más puestos. Y a veces ni ellos conocían las piezas menos comerciales de Kool & The Gang o “Scorpio” de Dennis Coffey. Pero había un grupo capaz de sacarme del apuro. The Fatback Band.

Conocí su música por primera vez en un viaje a Norteamérica a finales de 1973. Tal como cargué discos para mí fundamentales que no estaban publicados en España –por ejemplo “Astral Weeks” de Van Morrison-, también me hice con una veintena de singles para la discoteca. Allí me recomendaron “Street Dance” y “Njia Walk”, dos canciones de un grupo nuevo del sello Perception llamado The Fatback Band. Nadie los conocía en Europa salvo los de la revista Blues & Soul –el referente de la época para los DJs- pero, gracias a su ritmo tan prominente, la gente los bailaba en pequeñas dosis. Eran un poco como los parientes pobres de los JB´s, con una guitarra rítmica suculenta marcando la clave hipnótica, más sección de viento cohesionada y combativa, mayormente instrumental aunque a menudo arropando voces dispersas que tanto servían para ambientar la canción como para montar una frase a modo de estribillo.

The Fatback Band eran muy útiles sobretodo porque triunfaron en Gran Bretaña a partir de 1975. Durante tres años aportaron temas de inmenso valor para un DJ –funcionales, alegres, y con una pizquita de clase-, como “Wicky Wacky”, “Yum Yum”, “Do The Bus Stop” o la última canción de aquel ciclo, la algo más elaborada “(Do The) Spanish Hustle”. Además históricamente son considerados pioneros del rap ya que, bajo el nombre recortado de Fatback, su “King Tim III” se publicó en 1979 pocas semanas antes que “Rapper´s Delight”, el pistoletazo de salida del género. Por supuesto aquí en España pasaron desapercibidos, salvo un artículo en Disco Expres a mediados de década que me convirtió en incondicional de Patricia Godes.