No soy partidario de las recopilaciones. Raro es que una sobrepase el coleccionismo y se muestre como un álbum sin méritos arrendados, por los suyos exclusivos. Pero este caso es distinto. Brighter, un grupo de Sarah tan moralmente imprescindible como pragmáticamente secundario que nació y murió sin grabar un álbum entero –“Laurel” en 1991 aportaba solo 8 canciones- en la época dorada del sello. Que publicó cuatro singles –con tres o cuatro piezas cada uno, cuando estos artefactos tenían pleno sentido como manifiestos adolescentes- entre 1989 y 1992, a razón de uno por año. Que pasó sin pena ni gloria con su herencia de The Smiths, su amistad con Blueboy o sus conciertos taloneando a The Field Mice (nadie debería llenarse la boca elogiando a estos últimos sin antes escuchar a Brighter). Y que, fíjense si son desgraciados, ni siquiera están en wikipedia. El caso es que estos cuatro singles –Eps o lo que fueran- se recopilaron íntegros con sus quince canciones, hace siete años en “Singles 1989-1992” (Matinée 2003), uno de esos productos considerados de cabecera. Hay discos que se almacenan y discos que se atesoran: esta colección es oro, y no precisamente chapado.

El orden cronológico en el álbum facilita asimilar su evolución. Alex Sharkey, Alison Cousens y Keris Howard esgrimen inicialmente credenciales forradas de acné. Entre “Inside Out” y “Noah´s Ark” hay mucha diferencia de sonido, así como entre ésta y “Poppy Day” –erupción Byrds– o la entrada ya densa de “Killjoy”, percibiéndose el paso del tiempo así como la evolución del sello. Jamás llegaron, por suerte, a un periodo adulto –no como su amigo Bob Wratten de Trembling Blue Stars, con quien Howard trabajó más tarde-, dejándonos para siempre marcada la impronta adolescente.

Después Keris cambiaría sus amistades por los muy recomendables Harper Lee –toque Sarah mezclado con East River Pipe-, mientras Alex pondría en marcha Fosca y Pinkie . Placeres colaterales. El meollo se había gestado en ese sonido traslúcido de la ciudad crepuscular encandilada; del amor cuando no sabe aún si es o no correspondido: de las lágrimas cuando resbalan limpiando las espinillas –con un sabor que ya no es el de las de un niño pero aún no tan amargas como las de un adulto; con el estilo de Sarah en estado puro, purísimo, virginal, que tocaron de refilón The Go- Betweens en “16 Lovers Lane” (“Never Ever”). Y, sí, es una historia de inmortalidad. De la inmortalidad de unas canciones que pueden quedar sepultadas por muchos ruidos y siglos pero que, cuando se desentierran, vuelven a cobrar una vida -¡qué buena vida!- tan iridiscente como la que merecen los aficionados que las sepan apreciar. Con todos sus Dolores De Ser Pure At Heart a cuestas. Sarah, ¿dónde estás ahora, cariño, para reconfortarme?