Hay que empezar prescindiendo de lo extramusical –las imágenes, los moretones, las comparaciones con Antony seguramente debido al piano malintencionado de sensibilidad killer- para entrar en “Learning” (Matador 2010) con los sentidos sin contaminar –el consumidor actual no necesita ser inducido- y bien atentos.

Suele Mike Hadreas, o sea Perfume Genius, jugar con la combinación de voz y piano, más algunos pespuntes electrónicos para ambientar. La voz casi siempre es tratada –como filtrada a través de una megafonía- para conseguir un efecto onírico e irreal tendente a la desolación, como las historias que sus escuetos versos sugieren. En “Lookout, Lookout” lo críptico del texto invita a pensamientos estremecedores, con intriga, abusos, asesinos insinuados, prostitución, suicidio o incesto como temáticas subsidiarias, llegando a la conclusión –“Mr. Peterson”– que el protagonista, a pesar de las vejaciones, comprende al infractor –`me dejaba fumar hierba si le podía convencer de que le quería bastante bastante bastante/ me hizo una cinta de Joy Division/ me dijo que había una parte de él que faltaba/ cuando tenía 16 años/ se tiró de un edificio/ Mr. Peterson, sé que estabas preparado para irte/ espero que haya un hueco para ti/ allí arriba a allá abajo´– y ni siquiera pretende juzgarle. A esta conclusión llegamos ayudados por el halo litúrgico, con más de la mitad de las piezas resolviéndose cual plegarias lo-fi, como “You Won´t B Here” o “When”. En “No Problem” fluye una imitación de orquesta de gama alta y austeridad Casiotone. Escuchando “Learning” puedes imaginar la noria girando en una feria desierta, cuando el piano resuena a caja de música y Flaming Lips ya no son fármaco suficiente. Y sobre todo flota, como en “Hospice” (The Antlers), una impotencia ante cosas que ni sabemos ni sabríamos describir, entre el amor y la atrocidad, cuando la muerte sobreviene cual liberación a las torturas emocionales inexplicables. Todo el álbum encubre una atmósfera de degradación en los confines del paraíso, con melodías primarias dignas de un Randy Newman internado en otro sanatorio mental, lúgubre y carente de sentido del humor, distinto del que tiene montado en su casa.

Hay sonidos ostentosos de impacto ínfimo, y sonidos sencillos de impacto brutal. Absolutamente turbador.