Una percusión que parece venir de ninguna parte. Asoma tímida, contoneándose en su medio tiempo. Su repiqueteo, aunque minimal, evita la sequía de entonces con algún tipo de trucaje de barniz sintético. De pronto irrumpe un acorde de guitarra también extrañamente manipulado para introducir la voz.

`Pushing through the market square, so many mothers sighing/ news had just come over, we have five years left to cry in/ News guy wept and told us earth was really dying/ cried so much his face was wet, then I knew he was not lying´. La viñeta ha sido perfectamente dibujada en esa entrada emocionalmente torrencial de “Five Years” y “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” (RCA 1972). Al planeta le quedan cinco años de vida. Cinco años de lamentos. Cinco años para seguir llorando. Subida de un peldaño empujada por el piano, la voz de David Bowie pilla el hilo de pasión por el que trepar.

`I heard telephones, opera house, favorite melodies, I saw boys, toys, electric irons and TVs/ my brain hurt like a warehouse, it had no room to spare/ I had to cram so many things to store everything in there´. Las sílabas empiezan a ser masculladas y escupidas antes que cantadas, la rabia crece, hasta que de pronto –`I never thought I need so many people´– queda al descubierto el vacío y la vulnerabilidad con un simple cambio de acorde y de registro vocal.

Nuevo peldaño ascendente. Pincelada a pincelada, el retablo va cobrando vida. `A girl my age went off her head, hit some tiny children/ If the black hadn´t pulled her off, I think she would have killed them´. Más sujetos en el encuadre –`a soldier with a broken arm fixed his stare to the wheels of a Cadillac´-rematando la estrofa con un golpe de efecto tonal gracias al retumbar sonoro de una serie seguida de sílabas: `a cop knelt and kissed the feet of the priest´. El poli se arrodilló y besó los pies del cura. Y el marica vomitó ante esta visión. Bingo.

La canción comienza definitivamente su ascenso a la cima. `I think I saw you in an ice cream parlour drinking milkshakes cold and long´. Ese `smiling and waving´ de vocalización estirada, con un reproche subliminal –`and looking so fine´– que forzosamente desemboca en la devoción de David por el Bob Dylan más resentido: `don´t think you knew you were in this song´. Fuera ya de sí, encarrila el tramo final. `And it was cold and it rained so I felt like an actor/ and I thought of ma and I wanted to get back there´. Necesita una rúbrica inmortal para la posteridad, y la encuentra en la perfecta conjunción entre la nimiedad y lo imprevisto. `Your face, your race, the way that you talk/ I kiss you you´re beautiful/ I WANT YOU TO WALK´. Nunca hubiera pensado que una declaración de amor disfrazado de grito angustiado apocalíptico podía causar tanto impacto al huir del cliché. Bowie no quería una pareja para amar o para follar. La quería para pasear, como metáfora de acompañante por los recovecos de una vida –somos muy poco conscientes de ello- con fecha de caducidad.

Que siempre a David Bowie le ha preocupado una temática precisa a pesar de su apariencia evanescente –el espacio, el mundo, la velocidad como resultado de dividir distancia entre tiempo, la vida en definitiva- es un hecho al que hemos de estar eternamente agradecidos. `Nos quedan cinco años, mi cabeza me duele mucho/ cinco años, todo lo que nos queda´. Un estribillo mágico que se va volviendo tortuoso a medida que el guitarrista Mick Ronson afila los colmillos desintegrando las notas en el espacio. Y que es fundamental para entender por qué “The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” es uno de los mejores álbumes de todos los tiempos. Con permiso de “Hunky Dory”, claro.