38. “Ven a jugar” (Esplendor Geométrico) 1988

37. “Vamos a jugar” (Parálisis Permanente) 1982

Mucho marear la perdiz y sólo se trataba de un juego. Unos jugaban por convertirse en sus propios ídolos haciendo suyo el mito de “Heroes” y otros a ser los malos de la película, azote de tanto niño bien metido a moderno. Unos cantaban “Vamos a jugar” con el deseo pegado a los labios y otros amenazaban gritando “Ven a jugar” con la vena del cuello a punto de estallar. Cuenta una de las muchas leyendas de los ochenta que Eduardo Benavente y Arturo Lanz no se podían ni ver. Así, que aquella mañana coincidieran esperando en un semáforo del centro de Madrid sólo pudo ser pasto de chascarrillos. Dicen que se dijeron de todo. Supongo que los aspavientos verbales propios de dos gallos metidos en un mismo corral. Uno, porque quería ser el rey. El otro, por incordiar, porque no reconocía soberanías y menos en corrientes musicales de medio pelo. Esplendor Geométrico siempre se han colocado en el extremo allá por donde han pisado. Metiendo ruido, bombardeando con el ritmo, aberrando con la voz, provocando con su falta de consideración. Combatiendo el culto a la personalidad y a las niñerías que aspiran a heroicidad. ¿Quieres algo radical? “Ven a jugar”: ya verás la que te espera. “Vamos a jugar”: ya veremos si te atreves.

Arturo Lanz recibía hace un par de años a la selección española de baloncesto en su restaurante de Pekín. Supongo que su antigua condición de agregado comercial de la Embajada española facilitó las cosas. La selección quería una mesa para celebrar su medalla olímpica y Lanz poner los cubiertos. Alguien soplaría que el jefe tenía un grupo, a lo que Navarro y Ricky Rubio –otros que también saben lo que es eso de “jugar”- prometieron que acudirían a su próximo concierto. No sé cómo pretenden que con anécdotas como esta y muertes prematuras como la de Benavente dejemos de jugar –y ahora nos toca a nosotros- con los mitos y leyendas.

36. “Ciudado” (Eskorbuto) 1986

Jualma y Iosu (en la foto) murieron como ratas pero hubieran merecido un entierro para niños. Se fueron por inocentes, porque así no hay quien sobreviva en cualquiera de las dos márgenes de la ría. La derecha, la de las niñas que están buenas, ¿no, Jualma? La izquierda, donde viven las que parece que no se cuidan. La derecha, donde tienes todo el tiempo para montar un grupo experimental o disfrazarte como Mecano. La izquierda, en la que solo puedes llamarte Eskorbuto. Da igual la que hubieran señalado, de haber tenido elección. Iosu y Jualma no hubieran sobrevivido ni a orillas del Nervión ni en ningún otro lugar. Los chavales como ellos se mueren de pena. Historia triste. La heroína hizo su trabajo de desinfección pero el virus sigue ahí, sonando más jodidamente natural que nunca. Historia aún más triste. ¿Dónde está el porvenir, Iosu? Entonces nos sonaba al nihilismo barato de las ratas de Bizkaia. Ahora semejante indignación es moneda corriente en la cola del Día, en los cajeros del banco y en los centros comerciales, pero no veo a ningún punki de mierda.

Gentes ignorantes que antes les tenían miedo después cogieron confianza que nunca les dieron. “Cuidado, os avisamos, somos los mismos que cuando empezamos”. Es lo que ocurre cuando tu inocencia te impide casarte con nadie y pones la cara doscientas veces. Otras tantas te la parten. En Castilla te aplican la Ley Antiterrorista y en el País Vasco te prohíben la entrada a los bares por cuestionar los dogmas de fe. ¿Radicales? ¿Violentos? Lean detenidamente. Aquellos versos sólo podían ser obra de buenos chicos.

35. “Sic Transit Gloria Mundi” (Le Mans) 1998

Segunda vez que se cuelan Le Mans en esta lista. Hoy no vienen a darnos los buenos días con la misma melancolía con la que nos recogimos en casa al anochecer. Hoy no estamos perezosos ni tontos. Pero mañana tampoco. Y ya nunca. No sé si “Aquí vivía yo” es un triunfo en sí mismo o los que triunfan son precisamente los que allí nunca han vivido, ni tan siquiera los que se pasaron a husmear que se cocía en esa casa de campo por cuyas chimeneas el humo se escapaba en forma de agradable desazón. Pero en todo caso es una gloria efímera… “Sic Transit Gloria Mundi”… Fue el único grupo que entrevisté sin haber publicado nada.

La puerta se cerró y allí se quedó Le Mans. Nunca volverían a salir, para desconsuelo de algunos fans –otros saben que a Ibon y Teresa les queda arte para aburrir- y alegría de los que sólo creen que hay algo mejor que una trama bien llevada: un final mejor cerrado. Una F, una I y una N talladas por Javier Aramburu y clavadas en la puerta con la gravísima voz de Josetxo Anitua, otro al que las grandes victorias no le dejaron demasiados beneficios. Sic Transit Gloria Mundi. Querían un final planificado y confiaron, como siempre, en el hombre de Family. El que más sabe de ellos. Siempre que acudí a aquella casa salí con algo escondido entre la ropa. Permítanme que esta vez me quede con el candado.